miércoles, 27 de abril de 2011

Memoria en la tierra de uno II: la casa museo Olga Orozco


La casa transpira pasado. Los pasos retumban en el amplio living donde más de 4500 libros son minuciosamente catalogados. Es la colección de Olga Orozco, poeta de la generación del 40, también una de las primeras surrealistas argentinas.

Ubicada en Toay, a escasos diez kilómetros de la capital pampeana, el lugar parece habitado por fantasmas. El guía señala un enorme y viejo ciprés en el patio, algunos manuscritos, lentes, máscaras, vestidos y libros, infinidad de libros.

“Era una mujer que amaba las máscaras y todo lo relacionado con el esoterismo”, escucho mientras poso mis ojos en un calendario astrológico. Me sorprendo con una foto con Alejandra Pizarnik. Están sentadas en un banco. Atisbo desesperación en la mirada de Alejandra, cierto enigma en la de Olga.

Detengo mi lectura en un cadáver exquisito compuesto con su última pareja, Valerio Peluffo: “Apenas un instante, nada más que un instante, tu y yo juntos, debajo de aquel árbol, copiados por la brisa de un momento cualquiera de la eternidad”.

El recorrido sigue. Me topo con una vitrina repleta de libros de gatos. Algunos en francés. “Ella los amaba, sobre todo a Berenice”, oigo. Las altas vitrinas guardan con recelo ediciones antiquísimas. Hay una de André Breton con todos los años posibles. “La mayoría de los libros están firmados por sus autores”, cuenta el joven que hace de guía, quizás sorprendido por nuestra visita. Trato de imaginarla escribiendo allí. No es tan difícil, el lugar invita.

(...) mi casa, la única sobreviviente familiar que me queda. Cuando me fui de Toay, la encontré en cada casa donde viví. (...) Dije “cuando me fui de Toay” ¿Me fui del todo alguna vez?. Toay es una puerta que se quedó abierta para siempre en mi memoria y por la que podía entrar a mi antojo para encontrar la fiesta o el sosiego", sentencia una cita del Libro de Oro del Centenario de la localidad.

Mis pasos retumban en el piso de madera. Llego hasta la máquina de escribir, una Olimpia modelo Splendid 33 . Manuscritos, lentes, lápices, libros y silencio. Mucho silencio profanado con nuestra visita.

Salgo al patio, en el fondo del jardín está el ciprés en donde algunos aventuran que Olga se sentaba a escribir. Disfruto del sosiego, de la belleza irreverente del atardecer y la dicha del lugar, como si transpirase poesía, pese a que es un museo.

Dejo su casa natal y echo un vistazo a su bibliografía. Necesito ilustrar mi recorrido. Mis ojos se topan con este poema, que leo y releo, saboreando las palabras: 

La corona final 

Si puedes ver detrás de los escombros,
de tantas raspaduras y tantas telarañas como cubren el hormiguero
                                                                                      de otra vida,
si puedes todavía destrozarte otro poco el corazón,
aunque no haya esperanza ni destino,
aparta las cortinas, la ignorancia o el espesor del mundo, lo que sea,
y mira con tus ojos de ahora bien adentro, hasta el fondo del caos.
¿Qué color tienes tú a través de los días y los años de aquel a
                                                                                     quien amaste?
¿Qué imagen tuya asciende con el alba y hace la noche del enamorado?
¿Qué ha quedado de ti en esa memoria donde giran los vientos?
Quizás entre las hojas oxidadas que fueron una vez el
                                                                               esplendor y el viaje,
un tapiz a lo largo de toda la aventura,
surjas confusamente, casi irreconocible a través de otros cuerpos,
como si aparecieras reclamando un lugar en algún paraíso
                                                                                   ajeno y a deshora.
O tal vez ya ni estés, ni polvo ni humareda;
tal vez ese recinto donde siempre creíste reinar inalterable,
sin tiempo y tan lejana como incrustada en ámbar,
sea menos aún que un albergue de paso:
una desnuda cámara de espejos donde nunca hubo nadie,
nadie más que un yo impío cubriendo la distancia entre una
                                                                                    sombra y el deseo.
Y acaso sea peor que haber pasado en vano,
porque tú que pudiste resistir a la escarcha y a la profanación,
permanecer de pie bajo la cuchillada de insufribles traiciones,
es posible que al fin hayas sido inmolada,
descuartizada en nombre de una historia perversa,
tus trozos arrojados a la hoguera, a los perros, al remolino
                                                                                    de los basurales,
y tu novela rota y pisoteada oculta en un cajón.
Es algo que no puedes soportar.
Hace falta más muerte. No bastarían furias ni sollozos.
Prefieres suponer que fuiste relegada por amores terrenos,
                                                                           por amores bastardos,
porque él te reservó para después de todos sus instantáneos cielos,
para después de nunca, más allá del final.
Estarás esperándolo hasta entonces con corona de reina
en el enmarañado fondo del jardín.

6 comentarios:

  1. Me dejó la piel totalmente erizada.
    Gracias por darnos a conocer tu aventura por ese Museo y ver las huellas de una impresionante escritora.
    Saludos.

    Dejo una parte de una estrofa:
    "Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
    Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
    el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
    la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
    y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
    Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
    De mi estadía quedan las magias y los ritos,
    Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
    La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
    Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron."

    http://amediavoz.com/orozco.htm

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  2. Suscribo el comentario de Muchita.
    Muchas gracias.

    Saludos.

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  3. Yo también quiero agradecerte por esta publicación Horacio.
    Qué gran escritora. Qué maravilla. Cuánto arte ***

    Un beso o 2 !

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  4. Una poeta con todas las letras.
    Buena entrada!

    abrazo grande

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  5. Me gustó mucho encontrarme con Olga Orozco, es un hermoso homenaje para alguien a quien admiro y de unas letras exquisitas.
    Un abrazo

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  6. Velcha querido muy bonito todo pero lo de Olga Orozco me llego muy adentro yo jugue de niña en ese patio,mi vieja solia ir de visita cuando alli vivian los Jamad y se sentaban a tomar te o algo asi bajo un siempre verde al lado del aljibe o cerca nunca mas entre a esa casa pero,hace unos años atras en el cotometraje de la obra de teatro-danza de Nadia Grandon "La cantora nocturna" actuo Luna la hijita de Ramiro (creo q su papel era como si fuese Olga en su niñes)mostraron la obra alli en la casa y alli volvi a mi niñez cuando vi el aljibe recorde y hasta me parecio ver a mi madre y a la abuela Jamad sentadas x alli,un abrazo Velcha Y hasta siempre FELICITACIONES Negrita Rios

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