miércoles, 18 de julio de 2012

El caldenal


(Ilustración: Mariana Rugoso)

Amanece.

El sol ilumina los caldenes con pátinas de otoño. Las ramas secas y añosas esconden los murmullos del tiempo: lanzas conas, tremedal de galopes y los saberes de la tierra plana enfundados entre su historia.

Recorro los pocos pasos que me alejan del caldenal y la yema de mis dedos roza las porosidades de su corteza hasta el árbol antiquísimo. Acerco un oído hasta su tronco y un estremecimiento recorre mi cuerpo. No sé si es debido al frío matinal o simplemente la emoción de estar en la morada  grande, esa que nos acompaña con sus olores e historias, la que llevamos a cuestas en la piel.

Puedo sentir el rocío que asciende desde las entrañas del suelo. También las voces de nuestros pobladores: “Esta es hermanos, nuestra tierra pampa. Vivimos en toldos. Cuando el tiempo cambia cambiamos los toldos. Así es nuestra casa.
Esta es hermanos, nuestra tierra pampa. No es la tierra estrecha. La tierra es bien ancha.
Por mucho que quieran a todo le alcanza…”, recopila Hernán Deibe en “Canciones de los indios pampas”.

Levanto la vista, me alejo unos pasos y clavo la mirada en el horizonte: la vista se pierde en la lejanía. Y duele y maravilla y emociona tanta inmensidad. Creo entender el miedos de los huincas al adentrarse en el terreno que, lamentablemente, no impidió el saqueo de la tierra y el asesinato de tantos, en nombre de un progreso miserable y negociados para unos pocos. No hemos mejorado mucho. Hace pocos días, en Tucumán, la comunidad de Colalao fue desalojada a bastonazos de sus tierras por la policía provincial y muchas otras comunidades originarias siguen sufriendo la desmemoria y el desprecio de los que nos gobiernan.

Al saqueo material se suma el cultural, pese a la resistencia que crece de boca en boca, alimentando la memoria con la palabra, como ocurre desde tiempos inmemoriales y que transmite un saber que debiera identificarnos como gente de la tierra de uno. Pero no hay que cejar. Se trata de la persistencia de las ideas, “se trata de ir”, apuntó Pérez Esquivel. Y es cierto. En Neuquén, la comunidad mapuche festejó el inicio de un nuevo año, en el que los ciclos de la tierra se renuevan. Como las palabras, como el empeño continuo para revalorizar lo propio, lo diferente, lo diverso, lo originario.

La mañana transita su caminata. Como estas ideas que se disipan con la brisa que amenaza al sol y alberga en los pastos la inclemencia del frío. Las ramas secas del caldén oscilan al vaivén de mis ideas, casi en una armonía tácita entre el hombre y la naturaleza, un concierto atávico que entrecruza el presente con el pasado, mientras la chuza del cona parado en su caballo quiebra el horizonte.

(Publicado también en Plan B Noticias)


Publicado por Horacio

11 comentarios:

  1. Qué buen relato, qué buena descripción.
    Es cierto lo que decís: "desde tiempos inmemoriales" siempre es lo mismo. Y el grito originario no encuentra oídos en la metrópoli...

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  2. Hermoso texto.

    Lospueblos originarios, de todas maneras, estàn regresando. Asì lo creo yo.

    Un abrazo.

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  3. El andar por extensiones de horizontes infinitos lleva a la mente a recordar lo que la historia nos cuenta en un susurro de huellas.
    Me ha gustado mucho

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  4. Me gusta tu relato, la manera de evocar la tierra, la anchura, sus dueños por naturaleza.
    Mientras te leo, pensaba en una compañera de trabajo de la comunidad que siempre me cuenta de la pelea de su pueblo, y yo quedo mirándola con tantas admiración, por su temple, su fortaleza, y lo mas envidiable su sabiduría.

    Un beso Horacio.

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  5. ¿Cómo pueden explicarse quinientos años de abusos y despropósitos sino es desde la sinrazón, Horacio?

    ¿Cómo podemos, en este siglo XXI justificar que seguimos siendo tan bárbaros como en el XV?

    ¿Cuándo y quiénes pediran perdón?

    ¡Gran texto, amigo!

    Un abrazo,

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  6. Me gustaría, Horacio, un día tomarme un vino contigo en Neuquén escuchando a Silvio.
    En serio.

    Un abrazo.

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  7. Solo vos sabes oler tan bien el aire pampeano, encontrar las huellas del viento, del tiempo y de un estar que nunca desaparecerá...

    Besos mil.

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  8. excelente relato!!!
    ese saqueo lamentablemente sigue, acá se ha diezmado intolerantemente no solo tierra, sino que lengua y sabiduría

    abrazo y gracias por tus huellas

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  9. el viajero, el que desanda caminos y descubre inmensidades, el que se deja ir sin buscar, sabe que la naturaleza nunca defrauda. Hay paisajes que asombran por lo desmesurado y otros por lo minúsculo. El caldén con sus brazos extendidos espera siempre a ese viajero para cobijarlo de soles y tempestades.Es un faro en medio de la pampa.
    Dicen que con los soplidos del viento de sus ramas a veces se desprenden cantos... a veces llantos.
    Lástima de la insensibilidad de algunos.

    Gracias por permitirme viajar hasta esos mis paisajes con sólo leerte.

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  10. Consultado el cementerio de palabras, al que tanto acudía tu tocayo para sus juegos, aprendo que hablamos de un ‘Árbol leguminoso, que alcanza más de diez metros de altura y cuya madera se emplea en carpintería. Abunda en la Argentina’.

    Por otro lado, cuántos saqueos en nombre del progreso, en nombre de Dios, en nombre de la libertad, pero el progreso, el Dios y la libertad de quiénes, no de los saqueados, no de los desposeídos de la anchura de su mundo o de la corteza de sus árboles o la hondura de sus raíces….

    Un abrazo.

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  11. Un texto excelente, Horacio, me gustaron las descripciones, me sentí allí.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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