martes, 7 de agosto de 2012

El Superpalo



A La Oliva se llega de dos maneras. "Una remontando el Bermejo en la lujuria flotante llamada El Sapito; otra atravesando las picadas que desembocan entre las colinas que rodean al pueblo".

En el caserío el tiempo transcurre lento, al ritmo de los pobladores que dan vueltas por la plaza y esperan el paso del tiempo. Dicen que el viento corre a veces y espanta los recuerdos, refunda los sueños, aquellos que empezaron en la comarca de La Trapa con Pidovca y sus vaquitas.

En La Oliva los pobladores son supersticiosos, como en todo pueblo chico. Desconfían de los recién llegados, le temen a los cambios y fruncen el ceño ante la víspera de lo nuevo. Pero terminan aceptando los desafíos de lo extraño. Al fin y al cabo, de eso se trata la vida.

Allí, la sabiduría popular se entrecruza con lo instituido, en un poblado que cuenta con un intendente, un burdel, un santo, una madama y personajes únicos que se consolidan con el correr de la lectura.

Y también el lector se tropieza con “El Superpalo”, un ómnibus cuyo último recorrido lo obligó a estacionarse en la Plaza, “con su carrocería de madera y techo de paja, desteñido por el viento y el sol y carcomido por la humedad”. Como los sueños.

“El Superpalo”, de Humberto Bas, es una obra habitada por simbologías en donde lo supersticioso, que roza lo fantástico, se enmaraña con los saberes instituidos y a nadie le sorprende que el ómnibus (pensando en su origen como una fuente inagotable de recursos) cuente con humores propios y una personalidad a prueba de crédulos.

Objeto de burlas al comienzo —debido a su carcaza sin techo ni asientos— mimado, conducido y restaurado por Carumbé y Virgilio, el ómnibus y la novela transportan a los lectores en un viaje delirante que une a La Oliva con el resto del mundo.

En el colectivo se producen alumbramientos, fluyen las conversaciones, “crecen los arrumacos y puede que el amanecer traiga la sorpresa de la muy señora, del muy señor dormitando sobre el hombro del muy humilde servidor, sin distingos ni demarcaciones sociales, al puro instinto, como hemos dicho”.

En la obra, como en el ómnibus, todo se distorsiona, todo es diferente. El mundo ya no es tan rígido como pareciera y cuando se desciende, ya no se es el mismo o la misma: “se ha probado el vértigo, y eso no es macana”.

Poco a poco, los oliveños se acostumbraron al Superpalo. Hasta que la llegada de un misterioso visitante devela su origen revolucionario (por iniciativa colectiva de unos obreros de Detroit) y da un nuevo giro a la narración,para sentar las bases de su última batalla: la de la supervivencia contra el enemigo multinacional a la que se suma todo el poblado, “donde la utopía por fin encontraba su lugar de proyección sin obstáculos que taponaran la visual” y en la que se sucederán situaciones inverosímiles, mientras las vías avanzan y el traqueteo del tren parece irreversible.

En suma, una multiplicidad de saberes y discursos se vislumbran en esta obra de Humberto Bas. Con un lenguaje propio y una prosa irónica, podemos leer entrelíneas una metáfora de nuestras tierras, con sus contradicciones, renacimientos, retrocesos y utopías. Acaso como el Superpalo y su último viaje, “que lo deja mirando hacia donde toda su vida se dirigió… como queriendo saltar la barrera de la colina”, mientras el sol se refleja sobre el parabrisas y el brillo encandila a La Oliva, con el resplandor de los sueños posibles.

Publicado por Horacio

9 comentarios:

  1. Parece una obra maravillosamente intrigante...Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Me faltaría vida para leer todas las delicias.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. tu reseña sobre esta obra es manifiestamente entusiasma, dan ganas de salir corriendo a buscarlo por las librerías

    abrazooooo

    ResponderEliminar
  4. Sabes, me pasa algo muy interesante con tus reseñas, me parece un cuento introductorio de sensaciones que contagia.
    Eres un excelente escritor, no tengo dudas que tu recomendación no me defraudara.

    Un beso Horacio.

    ResponderEliminar
  5. Buena reseña, Horacio.

    Confieso que no conocía al autor, pero me he quedado con ganas de leer su libro.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Se sabe cuando un libro entusiasma cuando las reseñas se convierten en una extensión de la obra.
    Has despertado mi interés.
    Un beso

    ResponderEliminar
  7. Y con notas así el Superpalo sigue su marcha, amigo Horacio.
    Gracias totales, en nombre mío, y supongo que también de los personajes... Aunque sospecho que ellos se expresan mejor sin intermediarios...
    Saludos
    Humberto

    ResponderEliminar
  8. Maravillosa reseña, si el libro promete como tu presentación, no cabe duda de que, no solo merece ser leído, sino que entusiasmará.
    Lo buscaré.
    Abrazos oliveños.

    ResponderEliminar

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás