viernes, 26 de octubre de 2012

Ecos del porvenir II



La veo mirar los libros. Uno a uno, apilarlos, hojearlos con delicadeza.  Los abre y los cierra, acaso con admiración. O no, simplemente para jugar.  “Son los libros de papá”, le digo. Me mira y sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Estoy tentado de contarle que uno también escribe para ella, aunque todavía le deba ese cuento que llevo prometido desde que nació, sin saber que es una empresa harto difícil la de escribir para nuestros hijos.

“Estoy viéndolos todos, hay algunos que no me mostraste”, dice con gesto serio, al tiempo que recorre con la mirada los ejemplares de  “El porvenir…” para guardarlos de nuevo en la caja, con una mezcla de fascinación e indiferencia, intuyendo que ya es hora de pasar a otro juego.

Una de mis gatas (la más vieja) la sigue con sus óvalos amarillos, atenta a sus movimientos; sabedora de los vaivenes de la creación, de las mufas, los retrocesos, los destellos de felicidad, el trabajo arduo. Ése que algunos no valoran y que uno reivindica a diestra y siniestra cada día más. Una porfía insana, orgullosa, reivindicando la mirada y letra propia.

Cae la tarde. Son tiempos curiosos. De charlas con libreros, de dejar ejemplares en consignación y búsqueda de nuevos puntos de distribución, pero sobre todo, tiempos en que el libro ya es de otros y otras, compañías ineludibles y necesarias, tiempos de la recepción con sus múltiples lecturas, críticas y elogios, por qué no. Ecos del porvenir, que resuenan en una tarde que agoniza, mientras las palabras revolotean a mi alrededor, buscando una brújula que las oriente en otra travesía al país de lo incierto.



Publicado por Horacio

10 comentarios:

  1. La escena enternece, y debe ser porque no puedo dejar de imaginar a mis hijos preguntándome por qué escribo lo que escribo...
    Un abrazo, un brindis por lo que viene...

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  2. En esa incipiente curiosidad de tu hija y la ternura con que la observas ha de quedar en ella, en sus recuerdos, no sólo una fotografía de ese momento sino y acaso lo más importante las sensaciones que de allí se desprenden. Sabemos que las imágenes van cambiando de color y teminan en los grises. Las emociones en cambio perduran con igual intensidad. Sobretodo las que pertenecieron a nuestra infancia.
    Y en la mirada felina y tierna de tu gata esa melancolía dulce que de ti ella percibe.

    Sé,porque ha bastado muy poco para que yo pudiera percibir tu especial sensibilidad ,acaso por que en algo nos identifiquemos,que la tarea de la promoción de tu libro si bien es necesaria no es la parte más gratificante.
    Lo comercial nos supera, pero como no se ve a corto plazo que el mundo nos dé otras alternativas a las emociones , deberemos seguirnos aferrarnos a las utopias. Y a las miradas de nuestros hijos. A la pureza de la inocencia.

    Un abrazo y como siempre fiel a tus palabras

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  3. Horacio,

    Contás de tu hija, y veo a la mía: corriendo en cuanto se abre la puerta del placar con mis libros adentro. Y yo diciéndole éstos no son para jugar, para están los tuyos, éstos son para la gente, pero con sus once meses parece no entenderlo todavía, o lo entiende y no le importa. :-)

    Un abrazo!

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  4. Esto me invito a pensar, cuando ella lo lea, lea que esta en tus palabras, escritos, pensamientos, amor...


    Un abrazo Horacio.

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  5. uy! usted también tiene una "lectora del futuro!!
    hermosa imagen y mejor contada (como siempre).

    oiga! si usted necesita alguien que entregue sus ventas en Buenos Aires de onda, no lo dude en chiflarme!!

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  6. Sin duda alguna, escribes para ella, Horacio y para todos los que quieres que te quieran. ¿O no escribimos para que nos quieran?

    Te leo y soy capaz de imaginar a tu niña, dentro de unos años, cuando se le llene la voz de orgullo al hablar de "los libros de mi papá". Es un regalo -el de la voz llena de orgullo- que algún día me gustaría poder hacerle a los míos.

    Un abrazo y que el viento de la fortuna acompañe el viaje de la novela.

    P.D. Cuando en mí último comentario te dije que te vendías bien, lo decía con admiración, atendiendo a lo comentado en la presentación y que nos pasabas en el post. No me refería al "autobombo", sino a la calidad de lo que tenías entre manos. Dudé si aclarártelo o no y ya ves, he creído que igual era lo mejor.

    Otro abrazo.

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  7. Se me piantó un lagrimón con tu relato. Y coincido con eso que la tarea mas difícil es ecribirle a nuestros hijos. Nunca pude hacerlo bien. Abrazo

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  8. Todos saben lo importante que es para vos, se intuye una alegria y orgullo sublime.
    :)

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  9. el gordo soriano te ronda...como en "los cuentos de los años felices".

    sonrío y te abrazo*

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