martes, 23 de abril de 2013

El dueño del decir




“Hombre raro el huinca, un traicionero que busca los mejores pastos y nos empuja a las tierras de aire caliente. “La única manera de sobrevivir es combatirlos”, decían los viejos con sus arrugas de indio libre. “Los huincas nos odian. El odio entre los hombres es el alimento de Gualichu.”

¿Dónde quedó el viento y la arena entre los ojos?, el pecho latía fuerte y los gritos tapaban el miedo a las balas, el mismo miedo de las cautivas cuando elegíamos una para pasar la noche.

¿Por qué los recuerdos vuelven? Pedazos de olores escondidos en la memoria. Juré que defendería a los míos y lo hice, pero los blancos avanzaron como el sol de las mañanas.

Hay muchas voces dentro mío, fusiles rompiendo la paz de la pampa, espantando pájaros y olores, los olores de la llanura y las aguadas. La tierra de mi tierra no es como el aire muerto de la celda.
Hoy me rodea mi podredumbre de hombre viejo, de voz propia y muda, de silencios y memorias oscuras, de vientos erráticos como los pumas en el desierto, erráticos como nuestros antiguos hasta que encontraron una tierra que los cobijara.

Es bueno respetar la tierra, tiene años, como los viejos. Viejos y palabras, una mezcla difícil, oigo las voces en mi cabeza, las voces que mueven mi lengua me aturden y es difícil callar. Es un murmullo cerrado que sube y sube y provoca dolor, un tajo mal curado, una herida abierta y molesta.”
(Fragmento de “La tierra plana”, capítulo trece, “El corral de los recuerdos”)


Qué decirte. Uno ve estas cosas y se emociona. Debe ser la edad. Releo la noticia y sobran ganas para compartirla. Allá, en la tierra donde uno nació, la comunidad ha decidido reconocer al cacique Pincén. Al dueño de la palabra, “al dueño del decir”, ese capitanejo rebelde y rabioso que peleó por los suyos hasta último momento y que uno intentó darle voz desde la ficción. Indómito. Un gran orador, admirado por el genocida de Roca y sus secuaces.

La crónica dice que la obra, se encuentra ubicada en la rotonda de Avenida Luro y Edison de la ciudad de Santa Rosa y que fue realizada por Rubén Schaap a pedido del municipio. Tiene más de tres metros de alto y puede ser vista junto a tres zorros. Mira hacia el sur y representa la estirpe de este cacicazgo que gobernó nuestras tierras.

Reconocimiento tardío, dirán algunos. Puede ser, pero si a eso le sumamos que en la misma ciudad, se ha cambiado el nombre de la avenida Roca por San Martín, significa que algo está cambiando, aunque falte tanto para el reconocimiento de los pueblos originarios.

Pincén fue el más valiente de todos”, dijo Osvaldo Bayer en Santa Rosa y no hay más remedio que coincidir con este gran referente de la lucha de los pueblos originarios, que asistió a las actividades de inauguración del monumento al cacique Pincén.



Si querés más info sobre el tema, acá te dejo unos enlaces:





2 comentarios:

  1. Como criollo de los de verdad (de esos hijos de españoles nacidos en América) no dejo de preguntárme cómo se pudo hacer tanto daño durante tanto tiempo, Horacio.

    Me alegra que -en cierto modo- recuperemos al menos la memoria de aquellos que tuvieron que sufrir tanta sinrazón.

    Un abrazo.

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  2. Vinieron, arrasaron la tierra y la empaparon de sangre. No serán suficientes los reconocimientos, nunca. Pero si al menos pudiésemos "ver" más allá... Un abrazo.

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