domingo, 23 de junio de 2013

La Dorita II



El hombre sintió el inconfundible siseo de sus pasos contra el piso y levantó la vista:

—Martínez
—Qué pibe...
—¿Como anda?
—Bien, ¿vos?
-Mire lo que le traje.
El oficial levantó la vista y lo vio. Traía un frasco y un libro bajo el brazo.
—¿Qué es eso?
—Almendras, con azúcar.
—No entiendo
—Estaba leyendo a García Márquez. ¿Sabe quién es?
—No, ni idea…
—Me lo regaló mi viejo. Es colombiano, creo. Escribe.
—¿Y? no entiendo.
—La Dorita, ¿se acuerda?
—Uf… sí, cómo no.
—Bueno, ¿qué me dijo el otro día… cuando me encontró en lo de la doctora…
—No me acuerdo, pero supongo que tenías que volver a casa.
—Sí… pero además…
—No me acuerdo.
—Me habló del desencuentro ¿se acuerda?
—Sí, cuando dos personas no se cruzan.
—Como la doctora y yo… bueno, para eso son las almendras.
—Sigo sin entender.
—García Márquez… mire escuche: “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”… ¿entiende? Si le lleva estas almendras la va a conquistar… les puse mucha azúcar.
El oficial lo miró. Vio su nariz chata, los ojos rasgados, la cara redonda, la ternura en la mirada.
—Gracias, pibe —contestó él y recibió las almendras.
—Lo dejo, Martínez. Vaya y después me cuenta —balbuceó. —Y no me mire así. Ya sé que se me fritó la mollera, como dice el abuelo.


El oficial lo vio alejarse de la comisaría. Tomó el frasco y vio las almendras cubiertas de azúcar. Se preguntó si se animaría a contarle a la Dorita.

Si te interesa, La Dorita I, en el siguiente enlace:

1 comentario:

  1. encuentros y desencuentros, el diálogo parece irse evadiendo pero no, hay entre líneas un argumento mucho más denso

    abrazos y buen comienzo de semana

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