martes, 11 de junio de 2013

Sin lastre de cansancio



Todas las palabras han perdido ya su valor originario, su tremenda eficacia de afirmar o negar; todos los gestos han perdido su fuerza ritual o su energía mágica. Lo perdieron en nosotros; en nuestras bocas que hoy parecen duras cajas de ruidos y en nuestros pies de bailarines automáticos. No obstante, las palabras de vida están aún en nosotros, ¿lo están o no, mi alma? Si lo están, pero como en instrumentos grabadores que las repiten mecánicamente, sin entenderlas ya, sin morder su vieja pulpa inteligible. ¿Qué hará Severo Arcángelo? ¿Qué haría él para resucitar las muertas raíces del júbilo? Crear otras palabras, que digan lo mismo, pero sin lastre de cansancio, pero con fuerza de liturgia. Entre la espada y la pared, Severo Arcángelo medita su gran obra de laberinto.
(p.149)

(Marechal, Leopoldo, “El banquete de Severo Arcángelo, Buenos Aires, Grupo Editorial Planeta S.A., 1994.-)


3 comentarios:

  1. O lustrarlas hasta sacarles nuevo brillo. Obra monumental.

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  2. las palabras mutan, no son fijas en su andadura
    como el mismo hombre

    abrazos

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  3. De tanto ser retorcidas para darles el significado que conviniera a cada momento, las palabras han perdido elasticidad, y se ven grotescamente retorcidas y fatigadas. Acaso sea preciso, en efecto, reinventarlas todas, las mismas pero nuevas, renacerlas, darnos a nosotros mismos, a quienes pretendemos usarlas para comunicarnos, una segunda oportunidad (y tal vez decretar la obligación de que los políticos y los publicitarios sigan usando las viejas).

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