viernes, 26 de julio de 2013

Adonde vayas


Respiró profundo. ¿El amor dolerá en el cuerpo? ¿O solo en el alma? Se calzó la mochila, acorde con el peso del mundo sobre sus espaldas y salió a la ruta, abrigada por un cielo anaranjado, de muerte y resurrección.

El primer camión le tocó bocina, pero no le prestó atención. Encendió un cigarrillo y se sentó en la banquina. Al fondo, podía ver el bajo y el espejo de agua, a la vera del trazado.

Se preguntó cuánto tardarían en encontrar el cuerpo del miserable. O la carta que dejó sobre la mesa, confesando su agresión y los vejámenes a los que fue sometida. Allá venía otro camión. Se acarició la ceja partida e hizo dedo de nuevo.

La mole frenó con un chirrido sostenido.

—¿Adónde vas, flaca?

—Adónde vayas —contestó. El corpulento hombre sonrió y dijo: —¿Al sur, te parece bien?

Ella se detuvo en esa mirada de batalla perdida de antemano y asintió. Puso un pie en el peldaño de la cabina y aceptó su brazo extendido.

—Eso sí. Espero que te des maña con el mate.

—¿La verdad? Soy fanática del café, pero haré lo que pueda... ¿Dulce o amargo?


—Los dos —respondió él y puso primera. El camión arrancó sin ningún esfuerzo, mientras la joven se quitaba la mochila y el peso en la espalda parecía disminuir a medida que se alejaba de la ciudad.

(Texto que, con ligeras correcciones,  integra la edición de "Series y grietas", (cuentos), editado por Colisión Libros, mayo de 2015)

3 comentarios:

  1. el amor es somático absolutamente
    y también anímico
    no lo podemos separar como se separamos la clara de la yema
    por mucha razón que pongamos

    me gustó la frescura del relato
    el amor puede ir en cualquier carretera

    besitos

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  2. Hay carreteras que no acabarán jamás.

    Abrz.

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  3. Me gustó el relato, y el final.
    El amor duele en el alma pero cuando tomamos distancia se va esfumando entre lo nuevo, hay que escapar! Irse al sur, lejos, en un camión de soja.
    Un beso Horacio.

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