domingo, 18 de agosto de 2013

El olor a tortas fritas



Desgarbado. Cierta suciedad en uñas y manos. Aliento agrio, de vino adulterado. Una vieja gorra de su padre, un familiar, o regalo de un transeúnte incómodo al toparse con él y su cucha de cartón, en el hueco de un medidor de gas.

Me lo cruzaba siempre, cuando te iba a buscar. Vos tenías seminarios y cursos en la escuela y yo dejaba mi empleo de chapista, de mazazos frenéticos y sordera anunciada. Él tenía la voz ronca y cuando estaba cuerdo se paraba en medio de la calle y dirigía el tránsito con gestos exagerados, poniendo énfasis en que los autos no pisaran la senda peatonal o que algún desprevenido cruzara la calle cuando no debía.

Estaba ahí, un detalle más de la pintura urbana.

La última vez que lo vi había conseguido un silbato y penalizaba con furia a los desobedientes. Algunos seguían sus indicaciones, otros dejaban caer unas monedas en el asfalto y cerraban las ventanillas, en un derroche de caridad y conciencia que ¿asegura? una plaza en el paraíso.

No me di cuenta de su falta hasta que atropellaron al pequeño. Un accidente menor por suerte, luego de la ineptitud de un conductor que vociferaba por su celular. Vos terminabas tu curso y yo miré en el hueco de la casilla vacía: restos de cartón, el silbato y una extraña sensación dentro de mí.

Pensé lo peor, no voy a negártelo.

No he vuelto a verlo y no puedo evitar que cierta tristeza me carcoma el alma, pero encuentro a varios como él vagando por la ciudad. ¿Maestro, me da fuego? “Maestro… ¿Por qué? ¿Por qué sobrevivo en la jungla?”, pienso mientras le regalo mi atado de cigarrillos. Desgarbado. Cierta suciedad en uñas y manos. Aliento agrio, de vida robada.

Le sonrío, una suerte de mueca culpable que lava las culpas y no soluciona nada. Hasta que te lo cuento y el remordimiento pierde terreno, transformándose  en un plato de comida caliente que repartimos en esta ciudad egoísta. Sí, puede ser un gesto burgués e inútil y es probable que no sirva de nada, pero del plato de comida pasamos a la ración cotidiana y abrimos el comedor en la cochera del auto que nunca tuvimos.

Un día me invitaron a una reunión partidaria. Iba a decir que no, “que la política no sirve para nada”, harto de personeros atornillados a los cargos, engaños y chanzas. Pero asistí. Con desconfianza. Y el milagro sucedió: lo individual se hizo comunitario y las manos volvieron a juntarse, sin tanta politiquería pero con política de por medio. Aunque algunos todavía descrean, aventuro que siempre es más cómodo ser un criticón constante.

Hoy hay reunión en casa para organizar las actividades de mañana. Cebo un mate y miro la nariz de payaso, mientras espero al Oso, para ensayar nuestra rutina. Quién me viera. Todavía falta inflar los globos, colgar las guirnaldas, terminar de hacer las tortas fritas y tantas cosas más para que los pibes y pibas tengan una sonrisa en su día.

¿Si es suficiente? Por supuesto que no. Nada lo es en un modo de vida que por definición es excluyente. Pero hay que caminar, aunque el horizonte se siga alejando.

—Che, este mate está frío, dejate de joder —apunta Clara, envuelta en en olor a tortas fritas que la hace más linda todavía.

Sonrío.  Miro esa panza que crece mes a mes y me pregunto si no estaremos locos. —Dame un minuto que lo caliento —respondo, mientras le robo un beso y el atardecer se posa sobre el salón comunitario.

12 comentarios:

  1. Veo que la situación es parecida en el lado de allá y en el de acá. Uno, es cierto, se habitúa a ellos, nota el hueco cuando un día desaparecen de sus rutas urbanas y siente el deseo de hacer algo por ellos al margen de los políticos, que nunca, desde luego, será suficiente. Hermoso texto, Horacio.

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  2. la vida abriéndose paso entre las cosas. Entre los grises recovecos de la economía y los muladares de algunos gobiernos.

    Muy bonito. Un abrazo

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  3. ¡Oh, tenemos casa nueva con dominio propio! El sueño de todo el que alquila! Me alegro mucho Horacio.
    Excelente el relato, hay tantas vidas robadas deambulando por la vida, yo pienso en ello cuando me acuesto y me tapo las noches de frío.

    Sí, debiste decir: “que la política no sirve para nada”
    Mañana mismo me pongo a hacer tortas fritas (para ver si me veo más linda) Vaya detalle en el escrito.
    Un beso

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  4. los pasos hacen el camino.¡¡¡ Conmovedora tus palabras!!!.
    Pronto estaré allí.
    Un gran abrazo.

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  5. Ningún gesto por sí solo es suficiente, pero benditos quienes dan un primer paso, porque con la suma de ellos se hacen los caminos.

    Qué alegría reencontrarte, y hacerlo con este hermoso relato.
    Ya te "fiché", así que amenazo con volver por aquí.

    Un fuerte abrazo

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  6. Gracias por la luz, de esas pequeñas cosas que atraviesa la "política" y nadie quiere ver. Un abrazo.

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  7. Me gustan esos personajes, moralmente buenos, que persiguen causas justas, colectivas, más en la vereda de Juan Salvo que en la de Ulises, cuyo móvil jamás es el consumo sino el deseo grupal y popular, altruistas por naturaleza, por origen. Una mirada optimista acerca del ser humano y su evolución; que contagian, por su verosimilitud. Si consigo "Tierra plana" me convierto en la primer Beascochóloga del Alto Valle!!!! Ro Olivero

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  8. Sí, Horacio. Es muy bonito el cuento. Una postal de allí, igual que las de aquí, mientras vivimos y observamos, nos implicamos, criticamos y tomamos consciencia de las cosas que ocurren a nuestro alrededor hasta llegar a nosotros, que estamos en ellas, viviendo, proyectando el futuro.

    Me ha gustado mucho.

    Un abrazo

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  9. ama las tortas fritas si casi las paladeo mientras te leo

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  10. Que bonito relato... Y cada una de esas personas lleva una maleta demasiado pesada a sus espaldas, quizá no le ocurrió nada malo, quizá encontró cobijo en algún lugar... Eso espero. Bonitos sentimientos. Saludos!!

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  11. ¡soy argentino real! ¡me gustan las tortas fritas!!!!!!!!

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