martes, 6 de agosto de 2013

Fronteras y letras propias


El pasado domingo 4 de agosto participé, junto al escritor, docente e investigador Daniel Pellegrino, en una nueva edición de “Diálogos en Arte Propio”, actividad coordinada por Sergio De Matteo (escritor y editor) y organizada por la Subsecretaría de Cultura y Educación de la provincia de La Pampa.

Luego de unas palabras de presentación, a cargo de la subsecretaria de Cultura, Analía Cavallero,  abordamos junto a Daniel nuestras obras y compartimos diversos textos, además de atender las preguntas de los presentes.

Varios temas surgieron en esa jornada: el tema de la frontera (no sólo como espacio físico, sino también como género literario, como posibilidad y refundación. También como escollo, a la hora de elaborar ficciones, en estos tiempos de intertextualidad y, valga la redundancia, fronteras difusas en todos los ámbitos.

Además, tuvimos la oportunidad de reflexionar e intercambiar opiniones sobre la realidad cotidiana, las génesis de nuestros trabajos, la literatura, la política, la literatura e identidad regional y su posible (o no) renovación.

En lo personal, me sentí muy cómodo y agradezco la invitación. Dejo un texto que alguna vez fue publicado en “Con letra propia”, mi primer blog, abierto a fines de 2009 y que mutara en este “Ecos y matices”, del año 2013.

Letras propias




Un día las palabras decidieron juntarse.

La creatividad se acodó a la melancolía y formaron los recuerdos. Éstos se hicieron fuertes, crearon una historia, una voz, sensaciones y sueños. A veces, le daban cierto paso a la alegría, a veces se dejaban seducir por la tristeza. Pero se hicieron fuertes y conformaron la memoria.

La memoria comenzó a crecer, a llenarse con despojos de lo que no fue, vivencias y sensaciones. Fue cuando invitaron a la ternura, una damisela inasible que aceptó el convite con la condición de venir acompañada. Y se asomo el inusitado amor: hacían una buena pareja.

Pero lo bueno dura poco y un día apareció la muerte, advirtiéndoles a todas que no se olviden de ella, que espera pacientemente al final del sendero. Las palabras se miraron, la desdeñaron con un gesto e invitaron a otras a sumarse: Entonces arribó la esperanza, que también vino acompañada y trajo a la utopía.

Junto a la utopía y esa metáfora de caminar, de no detenerse porque detenerse significa la muerte, llegó una vieja compañera de ruta: la revolución. Venía ajada por los años, denostada, manoseada, vilipendiada, casi agonizante, pero todavía en pie. Y también se quedó.

Desde entonces las reúno a todas y las tengo presentes para que no se celen.

A veces —muy pocas— logro juntarlas como quiero, mientras se empecinan en formar su propia historia y convocan a otras para contar lo que se les antoja. Pero no les guardo rencor. Son así: necesarias, ingratas, solidarias, cómplices, personales.

Letras propias.

P.D: Les dejo un enlace, con la actividad del domingo.

Y ya que estamos con los avisos, en unos días, otra noticia sobre "El porvenir es una ilusión"

2 comentarios:

  1. hermosa reseña y entrañable experiencia literaria
    sin duda intercambiar ideas y opiniones sobre este oficio y su loca geografía da siempre buen sazón y es un estimulante acto de retroalimentación

    en las palabras se funda el puente , ojalá ese puente siempre esté conectado más allá de toda frontera


    abrazos

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  2. Que aprendizaje inmenso la participación y el intercambio de tu encuentro. Que bien Horacio.
    Tu texto, precioso, es cierto que no se celen, que salgan cuando salgan…

    Abazo grande :)

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