lunes, 23 de septiembre de 2013

Mi enfermedad

Llevo encima una enfermedad rastrera que me obliga a vomitar palabras. A veces concuerdan en historias, a veces naufragan en tristezas. Pero siempre cuentan, aunque, sienta que no sirven de nada y en ocasiones las arroje al cesto de los naufragios.

Traigo conmigo el mandato de ciertos susurros que a veces se juntan y forman grietas, voces propias, textos de otros, cuentos deshilachados y alguna que otra novela, un conglomerado de palabras que le presta la voz a los olvidados de siempre, los que no miramos pero siempre vemos, los que forman parte del paisaje urbano y las devaluaciones fulminantes.

Tengo palabras como náuseas que necesito despojarme y la única manera es borronear textos que a veces se llenan de nombres amigos: ternura, revolución, utopía y en otras se dejan arrinconar por el desánimo y la trivialidad. Todas conviven dentro de mí, todas me escupen su verdad. A todas escucho y dejo que resuelvan sus diferencias entre sí, aunque tenga mis preferencias.

Llevo encima esta enfermedad rastrera que me obliga a vomitar palabras y a veces pienso que estoy loco: robarle apetito al sueño, desoír los reclamos del cuerpo, despertarse de un salto sorprendido de haber hallado la frase que faltaba, el verso que conmueve  o el que acorta la distancia con la muerte.

Llevo encima esta enfermedad rastrera y no puedo curarme. Tampoco sé si quiero. Aunque el precio sea alto y la única compañía sea el eco de mis pasos, el murmullo de mis letras.

6 comentarios:

  1. esa enfermedad no la llamaría rastrera
    al contrario es un DON , la palabra es algo intangible
    algo que solo podemos imaginarla
    felices quienes pueden entenderla e interpretarla
    felices los que pueden transformarla y revolucionarla

    abrazos

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  2. ¿Cual es la enfermedad?
    Si solo se puede apreciar la salud de lo que sale, brota y explota para que nada muera adentro.

    Un beso Horacio.

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  3. Quizá sea como una enfermedad venérea, dios nos libre, en la cual el dolor incluye el goce. Un abrazo, señor.

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  4. No, ni se te ocurra curarte, por favor. Si acaso yo me atrevería a pedirte que me contagiaras, porque lo que tu llamas enfermedad rastrera es elixir sanador para quienes te leemos.

    Un beso

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  5. hermosa enfermedad... tal vez ineludible para aquellos que necesitamos rebelarnos con palabras y sacar desde las entrañas el dolor, el amor, las injusticias. El grito del poeta, su sufrimiento en el momento de la creación, la herida del verbo que estalla, será luego bálsamo y goce, Será vida,

    un gran abrazo.y mi más sincera enhorabuena por la calidad de este texto.

    Hasta pronto, mañana embarco-

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