martes, 17 de septiembre de 2013

Muchísimas respuestas para un mismo interrogante




“Lo que me importa de la educación es la posibilidad que puede ofrecerle a los chicos de los sectores populares aquellos saberes que necesita. Pero teniendo en cuenta que el proceso educativo debe tomar como punto de partida tanto como de llegada la realidad del chico para que pueda aportar a su crecimiento. Lo que me parece importante es poner el énfasis fuerte en la necesidad de aumentar la capacidad argumentativa. En Cartas a una profesora, un libro sobre una experiencia de posguerra en Barbiana, un maestro italiano le decía a sus alumnos: «El patrón tiene miles de palabras para expresarse. Y ustedes apenas algún centenar. Mientras ustedes no tengan las mismas palabras que el patrón, el patrón siempre los va a dominar».


La necesidad de una capacidad argumentativa sigue teniendo vigencia. Pero argumento en su concepción más amplia, no sólo discursiva sino también comprensiva. El relato es una de las herramientas vitales con las que cuente el docente. Tiene que ser bello. En este punto entra en juego la literatura. Tengo que enseñar matemática con los criterios que aprendí de la literatura en lengua. Tengo que hacer la matemática atractiva, divertida, interesante. Si voy a leer un cuento en la clase de literatura, y lo leo de manera aburrida, me como los silencios, no manejo la puntuación, duermo a los chicos que terminarán enojados con la literatura. Tengo que saber leerlo de modo atractivo, interpretándolo. Porque un docente tiene que ser también un actor consumado de los conocimientos que transmite al chico. No cuenta únicamente la oralidad sino la gestualidad, lo corporal. Hay que ser apasionado de lo que se está enseñando. Si no hay pasión, se dificulta el aprendizaje. La pasión por enseñar despierta la pasión por aprender.
La educación debe buscar el asombro del alumno. Así como la literatura es asombro, todo conocimiento debería ser transmitido como un cuento en cuyo final el autor descoloca. Pero, a su vez, ese final no esperado y no prenunciado que sorprende debe repercutir en la historia personal del alumno. Eso es lo que permite que cada chico pueda tomar el conocimiento y lo pueda adaptar a sus necesidades, a su historia y poder expresar otra cosa. Porque antes que nada, debiera tener claro que nada se aprende de una vez y para siempre, como tampoco hay una respuesta para cada interrogante. Lo fantástico es que hay muchísimas respuestas para un mismo interrogante.


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La cultura rural, una cultura históricamente oral, siempre fue desacreditada. Me formé en esta cultura. Cuando de pibe iba a la matera, el galpón donde la peonada se junta a comer, escuchaba distintas versiones de un relato. Cada una enriquecía la anterior. La situación, con su contenido literario, fue una escuela para mí. No me cabe duda de que ahí me entrené para lo que más tarde, en Huncal, viviría en el fogón con los mapuches.


También me acuerdo de cuando caminaba junto a mi padre. Mi padre hablaba solo. Está loco, pensaba yo. Está hablando solo. «Este alambre hay que cambiarlo», decía. Pero no me lo decía a mí. Pensaba y hablaba y se contestaba en voz alta. Después, cuando había redondeado la idea, la enunciaba. El hablar consigo mismo, contarse él mismo su relato, le había servido para darle forma y tomar decisiones. Hablar solo es un rasgo del hombre de campo. A veces también yo hablo solo. Que esté sordo no quiere decir que me calle".



(Saccomanno, Guillermo, “Un maestro”, Buenos Aires, Planeta, 2011, pp. 208-210)

5 comentarios:

  1. interesante, en cierto modo renegué de la computadora
    saludos

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  2. Tengo tres libros de Saccomanno que compré últimamente, están ahí. Pero a propósito de la educación, me gustaron las cosas que dijo anoche Guillermo Martinez en 678 sobre la educación y su efecto igualador. La buena educación responde muchas cosas del estado de las cosas y de cómo mejorar. Un abrazo.

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  3. Si todos los maestros y profesores vivieran así la docencia, el mundo sería completamente diferente. Aunque no me cabe duda de que a muchos tampoco los dejan ser. No interesa crear seres pensantes, capaces de argumentar y ni siquiera capaces de encontrar soluciones a sus problemas. Eso da libertad, y la libertad hace mucho tiempo que cotiza a la baja.

    Buen texto, Horacio, aunque extraño los tuyos

    Un beso

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  4. me trae recuerdos de mi prima
    ella fue maestra rural durante muchos años
    sin duda es una tarea que deja recompensas en el alma y en la conciencia


    besitos

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  5. ahh mañana estas de CUMPLEVIDA
    así que te dejo un megabrazo y las mejores vibras
    pásalo genial este 18
    nosotros estamos de fiestas ´patrias

    besitos

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