domingo, 29 de septiembre de 2013

Vidas



Vidas
Tardaron un capuchino en ponerse al corriente de sus vidas. Eso les pasaba por no haber padecido guerras ni desplazamientos forzosos.

Pasaje
De pronto se saturó de noticias que parecían escombros; no pudo seguir leyendo reportajes. Se refugió en la biblioteca del tío. Encontró un misal color vino en su escritorio, repasé, una letanía sin extraer sentido alguno de las frases, abrió una novela que adoró en su juventud, cuando leía con la envidiable barbarie del que vive en las páginas. Releyó un pasaje. Era malísimo.

Puras nadas
Julio abrió el portón de la hacienda. El olor a tierra mojada le llenó los pulmones, algo se le había aflojado, como si también a él le hubiera llovido por dentro. «Dime lo que te duele», le preguntaba Nieves, y él nunca pudo hacerlo, demasiado tieso e inseguro para decirle la forma en que la quería, lo mucho que ella le dolía para bien y para mal. Había regresado a recoger su moneda y a tirarla al pozo. Sintió una energía salvaje, como si pudiera hacer buena esa tierra, como si el pasado hubiera al fin ocurrido y lo dejara ahí, en el brocal del pozo, para seguir, hacia adelante, hecho abismo, aire que no encuentra fondo ni pisada, una casa en el viento, puras nadas: Los Cominos.




Villoro, Juan, “El testigo”, Buenos Aires, Editorial La Página S.A., 2012, pp. 342, 405 y 456.

5 comentarios:

  1. la vida es el momento y hay momentos a los que no debemos volver porque en la memoria se conservan tan hermosos...

    abrazos

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  2. Un grosso que me debo completo... Un abrazo.

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  3. Fantástico Villoro; de una agudeza superlativa.

    Un abrazo, Horacio.

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  4. Aparte de disfrutar los textos en sí, me gusta ver cuál es la selección que tú haces de ellos. Puede ser tan revelador como un texto tuyo

    Un beso

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