domingo, 20 de octubre de 2013

Madres

De allá lejos y hace tiempo tengo un vago recuerdo de tu voz. Aventuro que heredé estas ganas de escribir, de bucear en las palabras y el hábito de la lectura. También la constancia, esa tenacidad para no bajar los brazos ante situaciones adversas.

Hurgo en los entresijos de mi memoria, obstinado en hallar imágenes agradables y no tanto aquellas que tuvieran que ver con tu enfermedad. Cuesta hallarlas. Aunque por ahí están: te veo trascribiendo tus poemas, luego de que unos inescrupulosos vendedores de enciclopedias te aseguraran que podías publicarlos y que pasarían por ellos, un tiempo después. (Tarea: escribir un relato con ello)

No pasaron y gracias a sus mentiras, tengo el trazo de tu letra. Frente a mí, en unas hojas amarillas, de un block de cartas que ya ni sé si existen. ¿Alguien escribe a mano todavía?. Un parpadeo, otra imagen, arreglándote en el espejo, en una tregua pasajera ante los padecimientos, para salir a distraerte con amigas.

Son curiosos los mecanismos de la memoria: un viaje a Buenos Aires y a tu regreso libros. Siempre libros para mí y mi hermano. Bibliotecas colmadas, con las que conocí a Tom Sawyer, di alguna que otra vuelta en globo, me sumergí en viajes submarinos. Pero mis preferidos, eran los piratas de la Malasia. Como no. Sandokan y sus amigos, haciendo de las suyas. Sablazos, aventuras, el mar como libertad y rebeldía. Aunque ahora desconfíe de las playas, por lo menos las que se atiborran de bañistas.

Quizás, tu temprana partida hizo que uno prestara atención a otras Madres y se admirara con ellas. Sí. Esas, con mayúsculas. Las que todavía reclaman justicia, buscan hijos y nietos, provocando la admiración de algunos y algunas, el repudio de los de siempre, indiferentes, egoístas, los que no ven más allá de su ombligo y defienden intereses propios y ajenos, pero nunca colectivos.


Para ellas, para las que están y las que no, pero por sobre todo para mi compañera, madraza con quien compartimos la aventura de ver crecer a esa personita que deambula por la casa y junta cosas perdidas, pinta con acrílico o escribe cartas que uno encuentra en los lugares menos pensados, un Feliz Día.

3 comentarios:

  1. Ah, verdad que en Argentina celebráis hoy el día de la Madre. No se merecen un día, sino muchos.
    Es curioso, cuando llega el día de la Madre siempre pienso en la mía, pero no me pienso a mí como tal. Creo que sigo siendo más hija que madre.
    Felicidades a ti, por la madre que vive en tu recuerdo, y por la madre de tu hija.

    Un beso grande

    ResponderEliminar
  2. Que precioso relato tan lleno de memoria. Has disparado directo a mi pasado. De alguna manera despertaste imágenes y momentos que ya no sabia que guardaba. Ha sido mágico.

    Gracias!

    ResponderEliminar
  3. Yo no tengo nada. No sé porqué no quedó nada de mi vieja. Apenas un telegrama que me mandó en un lejano cumpleaños. Y lo guardo como tesoro. Me gustó leerte. Un abrazo.

    ResponderEliminar

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás