domingo, 6 de octubre de 2013

Otra voz (I)



—Buen día.
—Hola, ¿cómo anda?
—Bien, ¿usted?
—También, bueno eso creo. ¿Qué hace por acá?
—¿Cómo qué hago?, ¿No me llamó?
—No que yo recuerde.
—Ah, encima me trata de impertinente.
—Mire, la verdad, no recuerdo si lo llamé, pero ya que vino. Cuénteme, cómo anda.
—Y vio cómo es esto.
—No. No vi.
—Sabe, estuve pensando... no me mire así. ¿Qué opina de las redes sociales?
—Y eso?
—Le pregunto, como para entablar un diálogo.
—Entablar. Me suena a encausar. Déjese de joder. No sé, no tengo una opinión formada. ¿Por qué lo dice?
—¿No le parece que son una fenomenal pérdida de tiempo?
—Depende. Para algunos sí. Otros dirán, que acorta distancias entre las personas, sobre todo si están lejos.
—No lo creo. Más que acortarlas, las ahonda.Todos se hablan por pantallitas, nadie se ve.
—Cómo está hoy, ¿eh? Ahora entiendo por qué me llamó.
—Disculpe, pero yo no lo llamé, usted apareció.
—No me venga con esas sutilezas. Pero volviendo al tema no tengo una opinión formada. ¿Por qué lo pregunta usted?
—Digo yo, ¿por qué no me tutea?; ¿Cuánto hace que me conoce?
—Desde siempre, supongo.
—¿Y entonces?
—Oiga, ¿mire que está quisquilloso, eh?
—Perdone, debe ser la edad.
—Es cierto, la intolerancia crece con los años.
—Epa. No se pase…
—Simplemente lo estoy citando. Reafirmando su argumento, más bien.
—Deje la ironía para otro momento. ¿En qué estábamos?
—En eso, de las redes sociales.
—Ah, le decía. Muchas veces me parece que perdemos mucho tiempo buscando una aprobación tan efímera como intrascendente: pasamos de agregar un pulgar levantado o una “g+” a una marca de pastas, a defender las proclamas más revolucionarias. Todo tiene el mismo peso. O sea, nada.
—Depende. Algunos le contestarán que las redes sociales son herramientas muy útiles para mostrar lo que otros no se animan a contar. Que buena parte de la voz de los silenciados está ahí.
—¿Le parece?
—Es lo que varios sostienen
—No sé. Es darle demasiada relevancia, me parece.
—Otros coincidirán con usted, sabiendo que es un pasatiempo, nomás. Y la mayoría, ni siquiera se lo pregunta, mire. Y tiene razón: usted no sabe nada. Debiera saberlo a esta altura. Y perdone el juego trivial de palabras.
—En eso acordamos, ya lo dijo el filósofo…
—No me diga que usted también leyó a Sócrates.
—No se haga el gracioso conmigo, quiere.
— No ése era otro. Y de gracioso, no tenía nada. Nefasto, le diré.
—Coincidimos en algo, por fin.
—¿Era hora, ¿O No?
—¿Qué hace?, ¿Ya se va?
—Y sí. Se está haciendo tarde. Además, usted no me llamó.
—Sí. Ya sé. Solo apareció, como hace siempre. Espero que regrese.
—No le quepa la menor duda. Que tenga una buena jornada
—Usted también. Nos vemos por ahí.

3 comentarios:

  1. Un buen dialogo de besugos y de redes sociales.

    Saludos

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  2. Y así va pasando el año, los días y las semanas...
    Pero... gracias por ese comentario en mi blog. Son de esos que te dan muchas ganas de seguir viviendo, y luchando.
    Un abrazo.

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  3. En las redes sociales, o a través de la red, se tienen a veces diálogos más profundos que en la vida real. Las redes sociales no son más que un medio, la comunicación y las relaciones son entre personas y de ellas depende que sean más profundas o superficiales, más reales o falsas, más o menos interesantes.

    Un beso

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