martes, 22 de octubre de 2013

Portación de cara (o prejuicios)



—Disculpe señor, debe dejar el bolso en la entrada.
—Solo tengo la billetera y el celular —contesté, marcando el diminuto cuasi morral, de símil cuero.
—Ahí hay unos lockers azules, son gratis.
—No entiendo, nunca tuve que dejarlo antes—. A mi lado pasa una señora de tez blanca, pelo castaño y con una cartera enorme. Nadie la detiene. Me echa un vistazo y desprecia mi desaliño, mi barba de días, el pelo desprolijo, me atrevería a decir que mi color de piel. Pero no estoy seguro. Puede que solo esté ofuscado por la situación.
—Son órdenes del nuevo gerente, señor. No puede pasar con el bolso.

Lo miro, tiene todo el prejuicio del mundo en la mirada, pero callo. También es un trabajador y no creo que tenga la culpa, por lo menos, no toda. Pienso en las prisas, en el incordio de acercarme a otro supermercado y cedo. Saco la billetera y dejo el bolso en el locker que parece burlarse de mí, mientras reniego con la llave para cerrarlo.

4 comentarios:

  1. Son terribles los parámetros que tienen para sospechar de cierta gente y no de otra... Un abrazo, master.

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  2. Yo me voy. Desde que empezaron con esas políticas y ellos eligen y seleccionan a quién y cómo pueden pasar los usuarios, yo elijo dónde comprar lo que necesito. Y se los digo.

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  3. Sí, sí que tiene la culpa ese trabajador. Tal vez la orden no parte de él, pero si existe y es un mero ejecutor, debería ser tan estricto con la señora como con el personaje desaliñado. Son demasiados los prejuicios que nos rodean. Creía que era algo del pasado, que se había avanzado en ese tema, pero tal vez la historia sea realmente cíclica porque cada vez hay más.
    Corto, pero contundente

    Beso grande

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  4. Yo no admito el prejuicio de un sabueso que no tiene olfato, menos, suelto la billetera y el móvil. Quiero que me mire de la misma forma que a esa señora.

    Abrazo

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