miércoles, 13 de noviembre de 2013

Camisa rosa

Caminaba por la vereda y lo vi. No parecía diferenciarse del resto de los mortales hasta que empezó a oscilar hacia los costados y con movimientos muy lentos, fue deteniéndose, como un títere sin movimiento. Pensé que caería sobre la vereda desmayado. Pero no. Recuperó el equilibrio y se sentó en un cantero, a recuperar fuerzas.

Camisa rosa, jeans, rondaba los sesenta años. El pelo ralo dejaba entrever una amplia frente y párpados entornados. Lo observaba calle de por medio mientras los autos cruzaban frenéticos en ese mediodía. Me pareció ver que gesticulaba. De pronto se inclinó hacia la derecha y apoyó la mejilla en el césped. Varias personas pasaban a su lado y desviaban su atención. La indiferencia incondicional de algunos argentinos.

Preocupado, crucé la calle para ver si necesitaba ayuda. Entonces se sentó, me miró y asintió a a modo de saludo mientras se desvanecía en el aire. Sentí el impacto, mi cara contra el asfalto, la sangre sobre el pavimento, la oscuridad.

Cuando desperté, estaba de pie y los paramédicos hacían lo posible por revivir ese cuerpo que se parecía al mío. No necesité mirar al costado para saberlo a mi lado. Camisa rosa, jean gastados. Rondaba los sesenta años.

1 comentario:

  1. No era indiferencia entonces, menos mal, aún hay esperanza.
    ¿Se presentará a todos con la misma apariencia?

    Un beso grande

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