lunes, 4 de noviembre de 2013

“El porvenir es una ilusión” en las escuelas 2 (o dicen los pibes y pibas)


Llegué al colegio del Barrio Aeropuerto en horas de la mañana. Unos mates con las y los profes y un timbre que toca, para llegar a un hall inmenso, en donde me esperan en ronda las y los estudiantes. La presentación a cargo de Daniela y de pronto me veo hablando ante ellos, contando sobre este oficio de trabajar con la palabra.

Y la palabra trabajo resuena de tanto en tanto. Porque es lo que significa para mí la escritura, palabra como trabajo y trabajo como principio que determina su impulso para la creación, para la transformación de la realidad como apuntó Marx en algún momento, porque, al fin y al cabo, qué es la ficción sino la posibilidad de crear otros mundos posibles.

Me escucho hablando de Naicó, un pueblo fantasma, de los tantos en la Argentina, que inspiró a Colonia El Porvenir y recuerdo un par de visitas al lugar, la sensación de que entre esas casas abandonadas, podía haber una historia basada en la amistad: la de Leandro y el Negro. Los pibes y pibas escuchan, por lo menos la mayoría.

Luego llega el turno de las preguntas: ¿Por qué escribe?; ¿Cómo se le ocurren las historias?, ¿Le gusta leer?, ¿Qué autores le gustan?; ¿Le puede dar un consejo a los que escriben?. Y uno cuenta. Desde la experiencia, desde las lecturas, alentando a quienes tienen inquietudes en esto de lanzarse a la aventura de escribir.

Leo El olor de las tortas fritas. Suena el timbre. Termina la charla. Algunos se acercan con otras preguntas que no se animaron a hacer delante de todos. Uno responde. Como si supiera.

Otra jornada y otro colegio: el Provincia de La Pampa. Pibes y pibas que me escuchan con atención. Es evidente que están más avanzados en la lectura de “El porvernir es una ilusión” porque las preguntas son muy puntuales.

Sobrevuela la noción de intertexto, de diálogo —El porvenir es una novela de diálogos— con otros textos literarios y alusiones constantes en la novela: Miguel Hernández, Poe. La charla deriva hacia la literatura y la maravilla de reconocerse en el texto de otro. También la idea de cuento y de novela. Fotografía y Película, apunta muy bien Cortázar en sus clases de Berkeley.

Una docente cita lo que para ella es vital en la novela:

¿En qué momento perdimos el rumbo y comenzó a ser más importante la buena puntería que las palabras?; ¿Cuándo abandonamos el trabajo social y aprendimos de tácticas de guerra? ¿Cuándo dejamos de robar camiones con alimentos para repartirlos en las villas y nos recluimos en aventuras militaristas?
Era natural tomar las armas y defender al pueblo de Onganía y Lanusse, ¿Pero disputarle la autoridad al Viejo? Estábamos en democracia, una democracia formal y falsa que no conducía a nada pero el pueblo había votado y para algunos era suficiente. No para nosotros. Menos para el ERP. Pero éramos la vanguardia, los herederos de Perón.
Ya no estoy tan convencido. O quizás sólo estoy deprimido y no estamos derrotados. Sólo es un retroceso, un repliegue momentáneo, una etapa más de la guerra popular prolongada. Todavía nos quedan los ideales y sigue habiendo pibes muertos de hambre por los que vale la pena luchar. Aunque no recuerde que existimos o que peleamos por ellos, aunque esté escondido en este pueblo que no tiene trenes y su única esperanza de sobrevivir es la llegada de un fugitivo desesperado y acorralado.
("El porvenir es una ilusión", apuntes de Martín)

Una piba, muy preocupada, me pregunta sobre la decisión de los enanos, por qué esa. Otra apunta que lo leyó de un tirón, que le gustó, pero que quedó muy angustiada con el final (disculpas, por ello) y un chico destaca la relación entre literatura y política que atraviesa la novela.

¿Por qué ese final para Martín?, increpan desde el fondo.Porque era uno de los posibles” —contesto y cito, a un amigo, Humberto Bas y su lectura de la obra, como un texto atravesado por los dilemas.

Por la tarde, regreso al Barrio Aeropuerto. Chicos y chicas que escuchan mi relato. La novela como idea de la amistad (ver entrada anterior) y más preguntas: ¿Gana mucho dinero con esto?, ¿Cómo crea sus personajes?, ¿Por qué escribe? ¿Cómo se le ocurrió el título? Una de las docentes señala el doble juego en la palabra porvenir, con minúscula, aludiendo al futuro, también al poblado, aunque uno siempre haya tenido en mente aquello de "El porvenir de una ilusión", de Sigmund Freud. Y se acercaba el final, con el tiempo de los regalos. Pero eso, lo dejamos para la próxima entrada.

1 comentario:

  1. Comentar con los lectores el trabajo de uno es realmente interesante, y supongo que lo es más cuando éstos son niños o adolescentes.
    Qué interesante experiencia, Horacio. Me alegro mucho por ti.

    Un beso grande

    ResponderEliminar

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás