lunes, 11 de noviembre de 2013

Las llamadas perdidas de la ficción



No es nuevo. Ya lo expone Cortázar en más de una oportunidad. Solo hay que saber observar, estar atento a los pequeños indicios, esos que nos extrañan, que rompen aquello que llamamos cotidiano y convive con nuestras vivencias.

Pero de pronto sucede. Lo fantástico irrumpe sin tapujos en nuestro trajín diario y no sorprende esa mirada que recuerda a alguien que no está o el gesto de aquella otra persona, impropio de la época, casi tan raro como ceder un asiento en el colectivo a una mujer cargada de bolsas.

Tampoco parece extraño ese sujeto que camina por la calle, abstraído en sus pensamientos y dialogando con un interlocutor invisible, pero no por eso menos real, que parece contradecir sus afirmaciones.

La ficción suele abordar estos sucesos como si fuese una vía de comunicación de otros mundos posibles. Y lo comprobé una vez más en Santa Rosa. Dialogaba con pibes y pibas del secundario, en el colegio del Barrio Aeropuerto, contando sobre la novela y mi temor —siempre vigente— de la crítica despiadada sobre una etapa sensible y que nos atraviesa todavía, como es la década del 70, cuando una generación quiso rebelarse contra el orden imperante.

Entonces mencioné a Beatriz y su historia militante. La necesidad de huir del país para no perder la vida, el anclaje en Europa, su generosa devolución de “El porvenir es una ilusión” (que para mí ya justifica la edición de la obra) y se lo mencioné a mi auditorio.

Salí del colegio y regresé a mi alojamiento provisorio. Había dejado el teléfono móvil a propósito, para no sufrir interrupciones. La pantalla denunciaba una llamada perdida y un número que no tenía agendado. Como suelo hacer, devolví la comunicación.

—Hola, tenía una llamada perdida de este número.
—¿Horacio? Soy Beatriz —dijo una voz desde el otro lado de la línea.

Sorpresa. Saludos atolondrados, emoción, un nudo de sensaciones en pocos segundos y una frase que empezó a resonar en mi cabeza y me llevó a maldecir la ingratitud que suele caracterizarnos como Nación.

Dialogamos un rato y quedó la promesa vigente de seguir comunicados, de sabernos cerca, unidos por la recurrencia a la ficción como bandera contra lo real y afinidades que van más allá de las palabras, como las llamadas perdidas de otros mundos posibles.

2 comentarios:

  1. Me sorprenden aún más las llamadas que parecen de ficción y que no resultan perdidas. El "encuentro" de ese día con Beatriz es prueba de ello.

    Un beso

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  2. Es increible que en este país todavía se cuestione a un veterano de la guerra y se ensalce a Cristóbal Colón. Es terrible. Un abrazo.

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