jueves, 21 de noviembre de 2013

Otra voz (IV)


—Hola, ¿cómo anda? Me quedé pensando en algo de lo que hablamos.
—Veo que no puedo sacarle esa costumbre de aparecer de improviso.
—Y así somos los fantasmas, los propios y ajenos, vio.
—Y no. No vi, pero ¿Qué me decía?
—Que me quedé pensando en lo que hablamos el otro día.
—¿Qué parte, sea más preciso, por favor.
—Eso, de la escritura y la subsistencia.
—¿Llegó a alguna conclusión?
—Sí, no es definitiva, pero sí. Escribir es como tener dos trabajos.
—Es ahí donde el oficio nos acorrala: cuando no puedo llevar un mísero pedazo de pan a la mesa.
—¿Y un golpe de timón? (es una pregunta retórica)
—Sabe que no. Sería una suerte de renuncia, de prostitución. Porque ¿Quién dice que tengamos que salir a hacer lo que no sabemos, porque un grupo de intereses comerciales no considera que lo que sí sabemos pueda ser rentable? Lo estúpido en eso es que lo que convertiría en rentable nuestro oficio sería simplemente su capricho. El mercado y sus trampas.
—Lo entiendo y comparto. Estamos como Sísifo.
—¿Sabe?
—¿Qué?
—Deberíamos publicar estas conversaciones.
—¿Le parece?
—Sí. El escritor y sus fantasmas.
—No sea así, es un lugar común, trillado. Ya lo hizo Sábato. Y unos cuántos más.
—¿Qué propone entonces?
¿Delirios de madrugada?
—Pufff, si eso le parece original. Déjese de joder.
—Pero, espere, ¿de qué hablan los escritores de madrugada?
—No sé. Si acompañan sus reflexiones con bebida, muchas pavadas, creo. Ni hablar si apuestan a otros elixires.
—Mientras no descarrilen para el escabroso campo de la teoría literaria.
—... o el sentido de la vida. Ahí nos tapó el agua.
—¿Vio? Uno dice escritores (o escritoras) y es imposible ponerse en la piel de ellos. Acaso debamos concluir, una vez más, que el problema es que quien no asume el rol es uno.
—¿De escritor? yo lo asumo, lo defiendo a capa y espada y grito a los cuatro vientos que es un trabajo, (en el sentido marxista), que transforma al humano y la humana, mientras lo realiza y no lo aliena. Es más, tengo algún texto al respecto.
—Debiera compartirlo.
—Aquí está, un fragmento, para no aburrirlo: La palabra como trabajo y el trabajo como principio que determina su impulso para la creación —para la transformación de la realidad como apuntó Marx— y que un verso o una frase logre sacudir la modorra cotidiana y sea una apuesta a la imaginación. Galeano y su metáfora de la utopía como horizonte y la caminata que hacemos a diario.
Seguimos porfiando, como no. Al igual que cualquier artista en cualquiera de sus expresiones, en esa terca obsesión de reinterpretar aquello que llamamos realidad y darle otro sentido desde el arte.
Aventuro que quienes trabajamos con la palabra escribimos por muchas razones, pero sobre todo porque no podemos abandonarlo, en una suerte de pandemia que nos moviliza en absoluta soledad para jugar con las frases y crear otros mundos posibles, pese a que el resultado no sea el esperado. O sí. Quién sabe. —¿Qué le pareció?
—¿En serio quiere que le conteste?
—Cómo es, ¿eh?
—Igual que usted.

Publicado en Plan B Noticias

3 comentarios:

  1. De madrugada los escritores hablan del frío y de la soledad, del peso de la piedra que han de volver a empujar hasta el comienzo del primer párrafo y que volverá a caer desde lo alto de la decisión de corregirlo otra vez. Los fantasmas del escritor pueden tener la voz de una palabra empeñada en no emprender el viaje desde la punta de la lengua hasta el cerebro.

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  2. que un verso o una frase logre sacudir la modorra cotidiana y sea una apuesta a la imaginación

    siempre, que sea siempre así

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  3. Un poco insolente es a veces ese fantasma. Lo peor es que no podemos callarlo, no hay manera. O quizá eso sea lo mejor.
    Yo creo que de madrugada los escritores hablan con esos fantasmas que lo acompañan, para bien unas veces, para mal otras; hablan con la nada para arrancarle alguna palabra, al menos, que dé pie a transformarla en un texto; y, en ocasiones, no hablan, sólo escuchan o lo intentan.

    Un beso grande, Horacio

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