jueves, 12 de diciembre de 2013

Nuestro pesebre



—¿Cómo se llamaba el hombre?
—José.
—¿Y la mujer?
—María.
—¿Y él? —dijo mientras intentaba acomodarlo en nuestro pesebre de cartón y cinta de papel.
—Jesús. Para algunos fue una persona muy importante, dicen que dio todo por los demás. Para otros, el primer revolucionario.
—¿Y para vos?
La miré. Iba a decirle que me es indiferente, que asocio estas fechas con dolor y pérdidas, que desconfío de los buenos deseos de quienes a diario pugnan por aplastarte la cabeza. También que me irrita sobremanera Santa Claus, los renos, las dulces melodías, el consumo insano y ostentoso de algunos, tan diferente al sentido original de una ceremonia, si es que alguna vez lo tuvo.
—Es una buena excusa para renovar los sueños.
Me devolvió la mirada, no sé si satisfecha con mi respuesta.
—Salió grande el Jesús, ¿No? —agregó mientras lo acostaba en el pesebre.



3 comentarios:

  1. Y renovar los sueños debe de ser lo que hacemos en estas fechas con nuestros hijos, porque algo de la ilusión que tuvimos de niños quedó en nosotros retomamos ciertos hábitos para ver la ilusión en ellos. Hace mucho tiempo que para mí la Navidad también era tristeza (aún lo es), dolor y pérdidas, pero desde que soy madre tiene algo de sentido. Hasta que a mis hijas les dé igual, entonces volveré a vivirlas como antes.
    ¿Es vuestro ese pesebre? Porque es bonito.

    Un beso grande

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  2. No está mal en creer en Jesús un poquito al menos Horacio......buenos planteos......

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  3. Yo no creo en dios, pero creen en Jesús como dice Paunero, podría hacer que los hombres fueran un poco mejor. Un abrazo.

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