domingo, 12 de enero de 2014

Balneario



Debió darse cuenta que algo no andaba bien. No era solo la sensación de paz, ni cielo de un azul tan profundo, demasiado bello para ser cierto. Pero le restó importancia. Sol abrasador, arena caliente, el sonido del agua en la cercanía y el olor del mar. De eso se trata el descanso luego de un arduo año.

Sonrió. A su alrededor, la gente se hacinaba en la paz de las vacaciones. Reunidos por el color del verano e igualmente apretados, como en la gran ciudad. Acaso para escapar del temor de la soledad o simplemente porque no se les ocurre algo mejor que hacer. Luego oyó las voces, de un idioma que desconocía pero que crecía a medida que se despertaba de su breve siesta.

Entonces la vio. Estaba a su lado con un bañador blanco de una pieza, atravesado por líneas horizontales rojas que le llegaba casi a las rodillas, desentonando con las bikinis ínfimas y las bermudas colorinches a las que estaba acostumbrado. Él devolvió la sonrisa y giró la cabeza hacia el otro lado, para encontrarse con una señora cuarentona, vestida del mismo modo.

Buscó el libro de relatos —que no estaba donde lo había dejado— y creyó recordar el pitido del guardavidas, para que no se adentrara en el mar, advertencia que desestimó de un plumazo, debido a sus dotes de nadador. También rememoró los calambres, al agua entre verdosa y azulada que ingresaba en sus pulmones, la desesperación, el cielo brillante, allá en lo alto. Hasta que todo fue oscuridad. Y luego abrió los ojos.

“Maldita pesadilla”, pensó. Apoyó los codos en la lona y se reincorporó levemente. Hombres, mujeres y jóvenes vestidos con trajes anacrónicos lo rodeaban por toda el balneario, mientras él intentaba recordar de qué iba el texto de James, de una aparición que tuvo lugar en una casa tan antigua como aquella playa en la que se encontraba.

1 comentario:

  1. Me queda la duda de cuál es el sueño del que despertó, en qué mundo estaba realmente tras esa siesta, que no sé si fue tal o lo creyó en ese sopor del irse.

    Lo que leemos antes de dormir, y lo que pensamos, suele marcar nuestros sueños y llega un momento en que no sabemos muy bien dónde estamos.

    Veo que sigues dándole vueltas a un mismo tema. Me gusta, y me intriga.

    Un beso grande

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