miércoles, 23 de abril de 2014

El cartel de la calle



Y un día el recuerdo se alojó en una esquina. Al principio creí que era el sueño que me arrastraba hasta la escuela. Pero no. Allí estaba. Lo miraba al pasar cada mañana. Acurrucado por el frío, muerto de calor. No sé si era el único que lo calaba, pero estaba ahí.

Le pregunté a mamá si lo veía. Me miró con una intensidad que no olvidaré y negó con la cabeza.
—¿Pero, estás segura?
—No veo nada Lucas.
—Allá, parado contra el cartel de la calle.
El cartel de la calle. Pintado con brochazos. Nueva Esperanza, dice. Todavía me pregunto qué tiene de Esperanza. O de nueva.
—Vos estás mal de la cabeza.
—Pero mamá. Ahí está. Es el recuerdo de tu papá.
—El abuelo hace años que se fue, lo sabés. Como también que no me gusta hablar de estas cosas.

Callé. No quería hacerla enojar. Demasiado lidiaba con fregar trapos ajenos y planchar ropa que nunca tendríamos. Por eso cuido tanto los lápices. O el cuaderno, es lo menos qué puedo hacer.

Aquella noche me prometí no pensar más en él y luego de dar vueltas y vueltas en la cama, me dormí. Pensé y repensé que tenía razón, que yo estaba loco de remate, que esas cosas no existen, aunque el Pitu deje de mover la cola a veces y clave la mirada en ese rincón. Sí. Ése, donde mataron al Braian. Por pobre y tomar cerveza. Lo caretearon como enfrentamiento.

Amaneció y salí a la calle. Un día más de escuela, una taza más de leche y algo de pan.  Fui hasta la esquina y el recuerdo seguía ahí. Fumando, con su pipa apagada y esa barba rala, casi podía oír su canturreo italiano.

Me detuve frente a su mirada. Y me animé a saludarlo. “Sigo ahí, con ustedes. Lo saben. Decile a la mamá”. Desde entonces lo veo a diario. A veces me detengo más de lo necesario y llego tarde al cole. No me importan si no me creen. Él está ahí. Y charlamos todos los días.

Le cuento del esfuerzo diario, del papá que nunca está o los vecinos que arreglan sus casillas como pueden. También de la bronca porque nadie nos ve, pese a que estamos ahí. “En eso somos iguales, ¿ves?”.  Asiente. Y me espera apoyado contra el poste de la calle. Que de calle tiene poco. Como el cartel, pintado con brochazos. Nueva Esperanza, dice.

También publicado en Plan B Noticias

1 comentario:

  1. Cada cosa sigue en su esquina, tengo esa sensación. Hay percepciones que no fallan... Un abrazo.

    ResponderEliminar

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás