miércoles, 16 de abril de 2014

Mempo Giardinelli: “la literatura argentina es una larga tragedia que sigue siendo narrada”



Comparto una serie de reflexiones del escritor y periodista chaqueño, Mempo Giardinelli, quien brindara una charla de literatura en el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes, en el marco de la Feria del Libro realizada en la capital neuquina, en septiembre del 2013.

El autor de “La revolución en bicicleta”, desarrolló su exposición en tres grandes ejes: la irrupción de la voz femenina en la literatura en los últimos treinta años, la incorporación de la Historia a la literatura y la recuperación democrática.


“Desde 1983 hay una recuperación del punto de vista y la voz femenina”, dijo y puso como ejemplo, la redacción de 'El santo oficio de la memoria'. “Fue una novela que tardé nueve años en terminar y poco a poco me di cuenta que me atraía mucho el discurso de ellas, que tenía que ir acompañado de algo más importante que escribir como mujer, que es escribir siendo mujer, para que el texto tuviera veracidad, sonoridad y algo genuino”.

“A partir de allí, hice una recuperación de mi tía, de mi hermana, de amigas, novias, me pasé mucho tiempo recuperando mi parte femenina y eso era lo que literariamente podía tener un valor”.

Giardinelli recordó que la novela tiene 28 personajes, con 24 mujeres y cada una de ellas, con una voz narrativa y una experiencia diferente. “A mí me cambió el modo de escribir, me cambió el texto, me completé. Hoy escribo sin determinación del sexo, que es mejor, eliminé mis elementos sexistas que podía tener por cultura, por formación y desde entonces, seguí trabajando en otros textos”, afirmó.

En este sentido, sostuvo que “la producción literaria argentina hoy está hecha por más personas que hacen literatura, es decir por varones y mujeres de una sociedad y esto es algo nuevo, revolucionario y renovador”, subrayó.

Para Mempo, otro elemento significativo de los últimos tiempos es la incorporación de la Historia a la literatura. “La literatura argentina casi no incursionaba en la Historia y si lo hacía, era con historiadores que se permitían novelar dentro de determinados canones permitidos. No había un relato, una narración de la historia argentina”.

“Si mi generación escribía de San Martín, hablaba del canónico, el Padre de la Patria, de Arturo Capdevila. San Martín no era un San Martín vivo, como hoy lo recuperó la literatura. Ahora sabemos que era cornudo, metió la pata, fue traicionado, traicionó y hacía caca y esto se puede ver en las diez o quince novelas que lo abordan”, dijo.

“Pero no solo San Martín. Recuerdo que hace 20 años se editaba 'La amante del restaurador', de María Esther de Miguel. Incluso la recuperación de Belgrano y cada uno de nuestros próceres, que todavía continúa. Hoy tenemos una bibliografía y narrativa de la historia argentina extraordinaria. Acabo de leer una novela de la vida de Juan José Castelli que es memorable y uno recuerda a Andrés Rivera, cuando hizo 'La revolución es un sueño eterno', de fines de los 80. Hay un Castelli vivo, un Belgrano vivo, como es la literatura”.

“Porque la literatura es en definitiva, la visión alusiva de lo que pasa en la vida. Es una visión que siempre hace alusión y elusión para contar y —al mismo tiempo— generar la ilusión de que estamos leyendo una ficción, cuando en realidad, estamos leyendo la vida misma”, manifestó.

Para Giardinelli, la recuperación de la Historia, también está vinculada a una recuperación de la democracia. “A la recuperación del punto de vista y la voz femenina, recuperación de la historia, de los episodios, de los personajes y hay que agregarle el resurgimiento democrático”.

“Este tercer elemento, hay que tomarlo también, para entender la literatura que hoy se gesta. Para mí, con la democracia y a partir de la presidencia de Raúl Alfonsín, hay un continuo de la literatura argentina, que hay que saludar y estar orgulloso”, afirmó.

“La literatura argentina goza de buena salud, está pasando por un momento extraordinario. La creación en Argentina pasa un momento como jamás la tuvo, ni siquiera con los supuestos momentos de esplendor y gloria, que correspondieron a generaciones, a sectores de clase, con grandes obras que no tenían las posibilidades que la democracia ha dado”.

En referencia a la literatura fantástica, Giardinelli afirmó que “en la Argentina no se practicó lo real maravilloso, sino una literatura fantástica argentina, que es la tradición de fines del siglo XIX, y cuyo máximo exponente en el siglo XX fue Julio Cortázar”.

“En la literatura argentina es imposible encontrar el realismo mágico. No hay autores de realismo mágico y no es que no nos tocó por decisión, sino que, de alguna manera, la literatura argentina está vinculada a las tragedias. En términos reales, políticos, económicos y sociales, es una larga tragedia que sigue siendo narrada”.

Giardinelli sostuvo que es un mito la idea de Argentina como arcadia de trigo, vacas, felicidad y alegría. “La historia argentina es tan sangrienta como la mejicana y la española, quizás, porque venimos de las mismas tradiciones”, dijo.

“La historia argentina, que no es la que escribe la literatura, pero que también escribe la literatura, se puede leer como una tragedia: 'El Matadero', 'Facundo' y 'Martín Fierro'. La literatura argentina no ha trajinado esa literatura casi festiva que nos dio el mundo latinoamericano. García Márquez no podría haber sido nunca argentino”, expresó.

También destacó el resurgimiento actual de las ferias y nuevas editoriales. “Cuando la Argentina pierde con la dictadura el rol preeminente de la lengua castellana y dejamos de ser el país más lector de América Latina o de tener la principal industria de América Latina y ser el principal país exportador de libros, ese rol lo asumió España y más específicamente, Barcelona”.

“Es una gran ironía, que el centro de la producción de la lengua castellana está en una ciudad donde no se habla castellano y allí están las grandes editoriales, cuya mayor parte eran argentinas y fueron compradas en medio de la crisis o cerradas, como Paidos o Alianza, que compró todo el fondo de Losada”, sentenció.

Pero, a partir de las crisis del 2001, se produjo una recuperación económica que trata de recuperar parte de lo perdido. “Hay una especie de recuperación de emprendimientos argentinos, con montones de editoriales pequeñas que quizás es un fenómeno que responde a una producción alternativa de los grande centros trasnacionales, como Santillana, Sudamericana (ahora Mondadori) o Planeta, que marcan una serie de limitaciones para la creación argentina y el impulso se satisface mediante la creación de estas pequeñas editoriales”, argumentó.

“Cuando digo pequeñas casas editoras, digo editoras con sus catálogos, que participan en ferias, con autores y autoras importantes. A mí me maravilla. Es un fenómeno que trasciende lo político, lo económico y que tienen que ver con lo literario”, dijo.

“Otro de los factores que han impulsado las nuevas creaciones —y acá va a haber profesores y profesoras que no les va a gustar lo que digo— tiene que ver con el debilitamiento del canon en la Argentina”.

“Ya era hora que se se acabara la dictadura de la UBA, que durante un siglo, desde Rafael Arrieta y Ricardo Rojas, han establecido una especie de dictadura y eso era la literatura, cuando, en realidad, era una literatura municipal: del mayor municipio del país, ya que era la literatura de Buenos Aires. Vos, si no estabas en Buenos Aires, no podías existir. Hoy el canon de la UBA y el resto de las facultades del sistema universitario argentino, se ha debilitado”.

“Sé que para algunos esto es incorrectamente político o inoportuno, pero yo celebro enormemente que el canon argentino no lo determina una Universidad, ni lo determinan las facultades. No es más un canon universitario, tampoco es un canon mercantil o con lo que se vende más en las ferias, ni cuantitativo, sino que tiene que ver con una sociedad que cada vez lee más y lee como se debe leer, horizontalmente, a través de otro tipo de recomendaciones”, manifestó.

En este sentido, Giardinelli tampoco ahorró críticas con los suplementos literarios de los medios gráficos masivos. “Ni siquiera los suplementos tienen importancias. Las revistas literarias ya no tienen ningún peso y esto es bueno, porque las revistas literarias y suplementos dejaron de ser literarios, para ser enumeraciones de avisos comerciales”.

“¿En qué suplemento o revista literaria de Argentina se pueden leer cuatro cuentos, cinco poemas o anticipos de una novela? No hay más. Yo siempre digo que se perdieron en EMA (extranjeros, muertos y amigos), son los únicos que caben en los suplementos”.

“Es necesario democratizar la cultura. Cuando el arte, cuando se democratiza, da unas posibilidades extraordinarias. Las jóvenes generaciones pueden sentirse felices de las posibilidades que hoy tienen, cualquier chico o chica del interior, no necesita irse a Buenos Aires. Si se queda en su lugar, puede seguir escribiendo, puede desarrollarse y tener sus editores”, dijo.

Siguiendo su razonamiento, puso como ejemplo a un escritor de su provincia. “El escritor más importante de Chaco de los últimos cinco o seis años es Mariano Quiroz, de 29 años. Y es ignorado en Buenos Aires. Ganó premios en España, Perú, Argentina”, recordó.

“Yo te cambio diez escritores por 50.000 críticas en el diario de mayor circulación. Desde esta perspectiva, la literatura argentina contemporánea, en su vínculo con la democracia, es lo mejor que nos ha pasado. Es el gran futuro y goza de una gran salud. Yo celebro mucho esto, muchas veces a contrapelo de la academia o muchos de mis colegas, quizás, porque soy un gordo optimista irrecuperable”.

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