lunes, 9 de junio de 2014

El buque fantasma



ERRABUNDEO. Aunque todo amor sea vivido como único y aunque el sujeto rechace la idea de repetirlo más tarde en otra parte, sorprende a veces en él una suerte de difusión del deseo amoroso; comprende entonces que está condenado a errar hasta la muerte, de amor en amor.



1. ¿Cómo terminar un amor? -¿Cómo, entonces termina? En suma, nadie -salvo los otros- sabe nunca nada de eso; una especie de inocencia oculta el fin de esta cosa concebida, afirmada, vivida según la eternidad. Sea lo que fuere del objeto amado, que desaparezca o pase a la re¬gión Amistad, de todas maneras, no lo veo desvanecerse: el amor que ha terminado se aleja hacia otro mundo a la manera de un navio espacial que cese de parpadear: el ser amado resonaba como un clamor y helo aquí de golpe apagado (el otro no desaparece jamás cuándo y cómo se lo espera). Este fenómeno resulta de una limitación del discurso amoroso: no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor: no soy su poeta (el recitador) más que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.

(Barthes, Roland, "Fragmento de un discurso amoroso", 1ed. (especial), Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2014, pp.121-122)

3 comentarios:

  1. Siempre re descubro este libro en los otros, en las lecturas de los otros, en los fragmentos preciosos que cada uno atrapa como si de un "gran pez" se tratara. Este párrafo me conmueve muy especialmente. Merece leerse mil veces, millones, cada día. Siento que la "verdad" del amor palpita en este párrafo, pero es tácito, está oculta en sus intersticios. Es necesario verla. Un abrazo.

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