domingo, 29 de junio de 2014

La flecha de Cupido



Recordó la obra de teatro. No era difícil reconocerse y reconocerla. Triste historia de tríos, una cacofonía vulgar. “El amor también puede ser vulgar”, pensó.

Recordó los diálogos. No era difícil dar nombre a las ausencias, maquillar con palabras lo no dicho, dejarse arrastrar por la nostalgia, lamerse las heridas, escarbar hasta desangrarse.

Todavía se preguntaba por qué había ido al estreno. Cupido y su flecha de mierda. Obseso. Enfermizo. Doloroso. Gris como el día.

Pensó en la pareja y vio la sábana colgada en la madera, esperando. No quiso mirar de reojo pero sintió un aliento fétido, a osamenta rancia; acompañaba la gélida invitación de un suicidio por amor.

La rendición fácil, el camino llano. Las cartas sobre la mesa para la pareja feliz. Pero tendría la última palabra. De eso se trataba, ¿O no? Sonrió. Por primera vez en mucho tiempo sonrió.

Se subió al banquito y ajustó el nudo sobre su cuello. Apretado. Casi imposible de respirar, la vista se le nubló por un instante. Lo pateó con el talón y sus pies danzaron en el aire, gorjeos de una vida que escapaba de su garganta, la habitación que ganaba en oscuridad.

Entonces oyó el quiebre, el golpe contra el suelo, un dolor insoportable en la espalda y la mirada que se allanaba en claridad y se topaba con la madera quebrada. No había contado con eso.

Su carcajada quebró el silencio de la habitación. Miró las astillas quebradas y pensó en la excusa que le daría a la dueña del lugar. Se incorporó con dificultad y fue hasta el baño.

Se lavó la cara y el agua le devolvió la vida. Vio el moretón de muerte alrededor del cuello. Inexcusable. Recordó las cartas sobre la mesa. Debía romperlas. “Cupido y su flecha de mierda”, recordó.

Publicado también en Plan B Noticias

2 comentarios:

  1. El plan no le salió como esperaba. Tal vez algo bueno esté a punto de llegar.
    Saludos.

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