domingo, 17 de agosto de 2014

Náufragos



El partido no fue uno más. Había dos gaseosas en juego y una que otra pierna fuerte dejó algún moretón. Ganamos, no recuerdo por cuánto pero ganamos. El sol caí contra el horizonte, allá donde el caldén tocaba el cielo, cuando lo vi. Podía oír su lamento, un salmo pegajoso, casi como el de los pastores que visitaban a mamá. Estaba sentado contra uno de los arcos oxidados, sollozaba y me miraba a mí. Sólo a mí.

Mi amigo debe haberse dado cuenta porque palidecí de repente. Me alejé de los chicos y fui a su encuentro. Lo reconocí al instante. Era el hermano de Jonatan, el que se cargó la policía por llevarse unas zapatillas.

—¿Estás bien? —dije con voz trémula.

Negó con la cabeza.

—¿Necesitás algo?

Golpeó el piso de tierra a su lado, dos o tres palmaditas. Me senté y pareció calmarse. Los sollozos comenzaron a interrumpirse, hasta que se tranquilizó. La noche caía y ya nada atajaba el frío.

Lo observé y traté de sonreír. Llevaba todavía la remera con sangre y se corría el pelo de la frente. "Decile a Jonatan que lo quiero mucho. Que se cuide del Betún. Y que la cuide a la vieja", dijo sin mover los labios.

—No me va a creer —musité.

"Y que saque del cajón las revistas, que mamá ya las descubrió".

—Charly vamos que hace frío…—oí. Giré la cabeza. No tuve que volver la vista para saber que ya no lo encontraría a mi lado.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿Quién era?

—Tu hermano. —Me miró. Pareció no sorprenderse.

— ¿Cómo está?...

—Parece triste, qué se yo.

—Quién no en el barrio… ¿Qué quería?

—Dice que te quiere mucho, que te cuides del Betún, que anda en la pesada.

—Chocolate por la noticia.

—Y que la cuides a tu mamá… ¿A vos también se te aparece?

—Sí. A la noche, cuando sueño. Nos divertimos mucho, como cuando éramos chicos. Me hace jurarle que no siga su camino, que me cuide de las juntas.

—Pero somos chicos… todavía vamos a la escuela.

—Si fuéramos chicos no tendríamos que trabajar, ¿O no?

—Sos jodido eh.

—Nos vemos en un rato. Mañana es lunes, podemos encontrar algo que sirva en el basurero, para revender.

—Dale. Ah, antes que me olvide, me dijo que saques las revistas, que tu vieja ya las descubrió.

Sonrió. —¿Sabés por qué no las tiro?

—Sí, porque las minas están re buenas. Y porque eran del Jonatan.

—Pero no solo eso. Sueño con encontrar el tesoro del galeón ése, ¿Te acordás?

—Sí, sí. El de los españoles.

—Charly…

—¿Qué?

—¿Te parece que somos náufragos?


—No. Ni locos, si estamos en tierra firme.

2 comentarios:

  1. Jajajaja... Ligera, bien escrita y completamente agradable.
    Un abrazo.

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  2. En los potreros se gesta la vida real. Ma que mundial ni mundial. Hermoso.

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