martes, 23 de diciembre de 2014

Diciembre y sus días


Aproveche la oferta. Solo por hoy, promo seis por cuatro, ¡imperdible!. Y por la compra de más de mil pesos, un champagne de regalo. Caos en las calles, insultos, colas, pero nadie esgrime el derecho a transitar, como vociferan a veces.

Ofertas y más ofertas. Luces. Pinitos. Un Santa Claus que suda su entrada al paraíso. Leds del tamaño de mi cama en la cabina de una cuatro por cuatro.

Jesús y el nacimiento en un establo seco (aunque dicen que cargado de esperanza).

Diciembre que arrasa todo y me pasa por encima. Un predicador cita a Dios. Nadie lo oye: mirada cenicienta, como las pelusas de su barba.

A comprar que se acaba el mundo, a ver si no conseguís el último smartphone, ése que arman en condiciones inhumanas en la China que alguna vez fue roja.

Consumo y más consumo. El pibe, los ojos muertos, las fosas nasales destrozadas, la bolsita de pegamento.

¿Me da una moneda señor?

2 comentarios:

  1. Así de simple y terrible. A veces pienso, sin ánimos de ofender, que ser católico es hacerse el boludo. Un abrazo.

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  2. Sí, Horacio, es un mes de corridas y consumo. No dejarnos atrapar (al menos no demasiado) puede ser quizá nuestro granito de arena.

    Un abrazo.

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