viernes, 27 de febrero de 2015

Escritura y Literatura

"La obra hace señas a la literatura: ¿qué quiere decir esto? Quiere decir que la obra convoca a la
literatura, le da garantías, se autoimpone una serie de marcas que le prueban y prueban a los otros que
se trata en efecto de literatura. Esos signos, reales, mediante los cuales cada palabra, cada frase indican su pertenencia a la literatura, son lo que la crítica reciente, desde Roland Barthes, llama escritura.

Esa escritura, en cierta forma, hace de toda obra una pequeña representación, algo así como un modelo concreto de la literatura. Posee la esencia de la literatura, pero da al mismo tiempo su imagen visible, real. En cierto sentido puede decirse que toda obra dice no sólo lo que dice, lo que cuenta, su historia, su fábula: dice además qué es la literatura. Con una salvedad: no lo dice en dos tiempos, uno para el contenido y otro para la retórica; lo dice en una unidad. Una unidad señalada precisamente por el hecho de que, a fines del siglo XVIII, desapareció la retórica.

Decir que la retórica desapareció significa decir que, a partir de esa desaparición, la literatura se encargó de definir por sí misma los signos y los juegos en virtud de los cuales va a ser, precisamente, literatura. Podemos decir en consecuencia, si les parece, que la literatura, tal como existe desde la desaparición de la retórica, no tendrá por tarea contar algo, y agregarle luego los signos manifiestos y visibles de que es literatura -los signos de la retórica-, sino que va a estar obligada a tener un lenguaje único y, no obstante, desdoblado, ya que, a la vez que dice una historia, a la vez que cuenta algo, deberá mostrar y hacer visible a cada instante lo que es la literatura, lo que es el lenguaje de la literatura, dado que la retórica, encargada antaño de decir lo que debía ser un bello lenguaje, ha desaparecido.

Puede decirse por tanto que la literatura es un lenguaje a la vez único y sometido a la ley del doble: pasa con la literatura lo que pasaba con el doble en Dostoievski, esa distancia ya dada en la bruma y la noche, esa otra figura que, por las calles, no deja de duplicarnos y que, sin embargo, va también al encuentro del paseante y lo hace hasta el extremo del pánico, que, en el momento de verse justo frente a él, lleva a reconocer al doble.

Un juego similar se produce entre la obra y la literatura. La obra va sin cesar por delante de la literatura, ésta es esa especie de doble que se pasea delante de aquélla; la obra no la reconoce nunca a pesar de cruzarse sin descanso con ella, pero siempre falta precisamente el momento de pánico que constatamos en Dostoievski."

(Fragmentos de "Literatura y lenguaje"conferencias sobre la escritura literaria, que Michel Foucault pronunció de 1963 a 1971 y que editará Siglo XXI)

La nota completa, en el suplemento ADN, de La Nación
 

1 comentario:

  1. yo lo único que sé es que escribir es poner de manifiesto la subjetividad absoluta

    besitos y feliz fin de semana

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