martes, 24 de febrero de 2015

Sigue siendo un pueblo

“… Yo contemplo el comienzo de la ciudad —¿o esta sucesión de restos sigue siendo un pueblo?—, el entramado de toldos, las veredas anchas, los camiones estacionados. Las columnas del alumbrado público, los afiches de candidatos políticos desgastados en los tapiales viejos: Leguizamón concejal. Lista 3. Que se vayan todos. Frígoli intendente. Anarquía. Ahora, en la YPF, el colectivo para, abre las puertas, que bufan, y sube alguien que se sienta en el medio. Es uno de esos trabajadores rudos y silenciosos; los brazos venosos y tostados por el sol; tiene un ojo emparchado; da la impresión de ser de los que aguantan el dolor, de esos que aprietan los labios y resisten porque no saben llorar. No saben qué hacer con el cuerpo cuando tienen que llorar. El colectivo arranca. Atrás del hombre rudo, en una esquina, veo estacionada una ambulancia. Es una ambulancia municipal fuera de servicio. Que ya no funciona como ambulancia. Pero sigue teniendo los restos del pasado a la vista, pintados en una puerta. Solo puedo atrapar, por la velocidad del colectivo, una parte de la inscripción, en forma de semicírculo: Mun pal ad C rmen de Areco, dice.”


 (Ronsino, Hernán, “Lumbre”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Eterna Cadencia Editora, 2013, p.58)

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