lunes, 20 de abril de 2015

La Murga, fabulario


Tome y traiga

El desaliento todavía me pesaba sobre los hombros. Leí “Tome y traiga” y no pude evitar una sonrisa, era un buen nombre para un bar. Los goznes de la puerta chirriaron desganados pero ningún parroquiano se dio vuelta para verme. Una atmósfera de encierro y resignación rondaba en el ambiente y acompañaba las voces en sordina que se fundían con el humo de los cigarrillos. Llegué a la barra y me di cuenta de que todavía llevaba las flores en la mano.

El viejo tenía todas las arrugas encima. De pelo crespo, tez morena y ojos de incendiario, chupaba una pipa apagada. Un enorme gato negro movía la cola bruscamente y me estudiaba desde sus óvalos amarillos.
—Quiero algo fuerte –dije.
El barman me miró unos segundos y rascó la cabeza del gato.
—Mire amigo, aquí hay una regla. Para beber, debe traernos una historia. Disculpe, le mentí, hay dos reglas: La otra es que yo sirvo lo que quiero.


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