viernes, 26 de junio de 2015

“La poesía debe ser colectiva y lo más anónima posible”



Comparto una nota que realizamos junto a Pablo Cazayous a Sergio Sarachu, otro poeta patagónico. La nota fue publicada en la revista binacional de Poesía argentina-chilena, Coirón. Sergio recordó sus inicios en el Centro de Escritores Patagónicos y la fundación de la primera etapa de Coirón. 

“¿Cuándo comencé a escribir? No siempre uno es preciso para saber cuándo empecé con esto de la poesía. Siempre me gustó leer y tuve tendencia a expresarme. Mis primeros poemas fueron a pedido de mis amigos: escribir cartitas para las chicas y así conseguía entradas para boliches, ese tipo de cosas”, dijo al inicio de la charla. “Iba a un colegio de curas, todos varones”, aclara.

“Nací en Olavarría, en1962 y vine a Neuquén en 1974 con mi familia. Hice séptimo grado en la escuela Nº2 y ya nos quedamos. En los 80, se hizo un encuentro de escritores patagónicos, cerca del río. Me entero a través de Hilda López, que tenía un programa de radio y decidí participar. Ya leía y escribía y me arrimé. Ahí fue que me encontré con Eduardo Palma, con Raúl Mansilla y un grupo de gente, con la que formamos el Centro de Escritores Patagónicos”, recordó.

“Nos metimos de lleno en la lectura y la poesía, para estar en contacto con gente que sentía y hacía más o menos lo que hacíamos nosotros. Y ahí nace la revista Coirón”, agregó.

Sergio cuenta que primero se formó el Centro de Escritores Patagónicos y la revista nació como órgano de difusión. “¿Cómo era eso de escribir en la dictadura? El problema que teníamos era que había muchos autores importantes que estaban censurados, que comenzamos a descubrir con estos encuentros y contactos. Para nosotros, fue descubrir un mundo nuevo”, precisó.


Sarachu nombra a Juan Gelman, a César Vallejo o Pablo Neruda. “En esa época no había nada y empezamos a conseguir libros y papeles. Cuando empieza a salir la revista, tuvimos más vinculación con otros escritores y lecturas, a nivel nacional”.

Preguntado por la relación entre poesía y política, Sarachu dijo que “cuando empezamos a escribir, las palabras se cargaron de sentido ideológico que, cinco años atrás, no tenían. Un ejemplo es la palabra 'desaparecido'. La utilización o no, de esa palabra, era una posición ideológica”, ejemplificó.

A mí me interesa la literatura que tiene una posición ideológica. La palabra que uno utiliza, tiene una connotación, uno la usa o no”, agregó.

“En aquella época hicimos una especie de poesía urgente. Poesía panfletaria. Cuando no fue necesaria, por una cuestión histórica y por una posición personal, hubo ciertas palabras, ciertos temas que lo poetizamos de otra manera. La posición ideológica, está marcada por la materia prima, de cómo la usas”, dijo.

“Fue toda una etapa de ebullición en el ámbito cultural. La dictadura, estaba en retirada y así pudimos conseguir más cosas: discos de Silvio Rodríguez o Serrat. Nos juntábamos con músicos, actores, artistas plásticos. Fue todo un movimiento que duró hasta 1983. Cuando llega la apertura democrática se disuelve el Centro de Escritores Patagónicos, porque cada uno toma su camino”, contó.

¿Hay una poesía patagónica o es universal?

—Es una eterna discusión. La poesía es y debe ser universal. Sí creo que hay una poesía que se hace en Patagonia, con sus particularidades. Aquí hay mucha presencia de la incidencia en el ser humano del desierto, la meseta, las distancias, el frío o la inmigración.

“Esto de que la mayoría vinimos de otro lado y nuestros hijos nacieron acá o nacieron acá, se van y vuelven. Es toda una serie de factores que hacen que uno pueda distinguir la poesía que se hace en el sur, desde La Pampa hasta Ushuaia que es distintiva”, afirmó.

“Y en los ochenta se dio la confluencia de un grupo de poetas con una temática, una manera de ver el mundo especial, un tratamiento de la palabra, una ruptura que nos hizo confluir en una especie de movimiento. Pasaron treinta años y pueden verse los resultados. Venimos de aquella época, que nos tocó confluir a un grupo de gente que hacíamos y pensábamos las cosas más o menos parecidas”.

“De todos modos. Si vamos a hablar de poesía, creo que la poesía debería ser anónima. Porque uno está usando de materia prima la palabra que es social. No es propiedad privada. La palabra tiene una carga histórica, emotiva, ideológica, pesada y yo no estoy de acuerdo de apropiarse de eso. Uno usa un elemento, una materia prima, que es la palabra y el producto debería ser social, no personal”, afirmó.

“Uno tiene que ponerle el nombre, pero lo que menos importa es el autor o la autora. Lo que importa es lo escrito, por lo menos para la poesía. Por eso, en mi forma de escribir, empiezo y termino los poemas con puntos suspensivos. Eso significa que antes se escribió y después se va a seguir escribiendo. Lo mío es un aporte a la pasada”, dijo.

¿Qué autores podés nombrarnos?

—Un autor que me ha atravesado es un escritor dominicano, Manuel Del Cabral, poeta que vivió en Buenos Aires muchos años. Fue agregado cultural de su embajada. Usaba muy bien la palabra y la imagen. Luego los conocidos: Gelman, Cortázar, Vallejo.

“Hay que dejarse influenciar por los autores y leer. Aunque uno vea que está escribiendo 'como', no vas a escribir igual, porque sos otra persona. Pero esa es nuestra función: no escribir algo nuevo, sino seguir escribiendo lo que se viene escribiendo”, afirmó.

“Por supuesto que hay autores que produjeron rupturas, pero detrás de ellos ya había autores que estaban escribiendo y ahora se sigue escribiendo. Cuando más leés, te das cuenta que se ha escrito todo y, por lo tanto, todo está por escribirse. En narrativa y en poesía”, dijo.

“Lo que no concibo en la poesía es la haraganería en no corregir. Para mí es fundamental, en tanto y en cuanto, uno quiera hacer un aporte a lo que ya está escrito. Si digo que 'la lluvia acaricia', eso se escribió en 1780”, dijo.

“Soy de la idea que luego de terminar el poema, hay que tirarlo contra la pared y de los pedazos que quedaron, empezarlo de nuevo. Otra vez: darlo vuelta, corregirlo, retomarlo, dejarlo que madure. Hay que ir moldeándolo. A mí me ha costado una vida, hacer un libro”, contó.

¿Hay un momento en que el poema está terminado?

—Tengo la teoría de que el buen poema, tiene que resistir cinco lecturas. Que a la quinta lectura, te siga generando cosas. Si llegás a la quinta lectura y todavía le encontrás algo, ése es un poema.

“En ese sentido, critico la haraganería. De esos poemas, que luego de una lectura, ya no tiene más nada”, agregó. “Y ni hablar de la narrativa: hay libros que uno toma y siempre que lo agarrás, le encontrás lecturas distintas”, dijo.

“Hay que tener mucho respeto por lo que se hizo antes y por lo que uno está usando. Usemos la palabra para cada uno. El poema está terminado cuando un lector que ni te conoce, ni nada, le pudo sacar contenido en la tercera o cuarta lectura”.

“A mí esto me ha llevado a enemistarme con mucha gente, que le ha caído mal o que se han sentido aludidos por lo que digo, pero es mi forma de ver las cosas”, afirmó.

¿Te considerás un poeta?

—Sí. A los cincuenta sí. Cuando gané ese primer premio en 1991, en un concurso patagónico, consideré que había conseguido algo, con un jurado muy importante en que estaba Mempo Giardinelli, entre otros.

Sergio aclara que “de los que participaron, yo pegué el uno. Y después, cuando publiqué el libro, el año pasado, también me sentí poeta. Antes me incomodaba, si bien me reconocían como uno de los iniciadores de algo, yo siempre me saqué los laureles”, precisó.

“La jerarquía del concurso, la da, la mayoría de las veces la institución y el jurado. En uno, yo saqué el segundo y a fines de los ochenta, principios de los noventa, obtengo el primer premio. Para mí, eso fue llegar a lo más alto”, indicó.

“Para mí fue muy importante, pero , a partir de ahí, me dedico más de lleno al periodismo, que utiliza la misma materia prima que es la palabra, pero el periodismo me llevó por delante, aunque seguía escribiendo”, dijo.

“Cuando regresé a Neuquén, me encontré con que muchos me recordaban y me decían poeta. Me parecía que faltaba publicar y eso ocurrió el año pasado, cuando vi que el libro estaba maduro”, dijo, en referencia a 'puert@s suspensiv@s'.

“Ahora estoy trabajando en otro libro, que tengo bastante corregido, en donde en la primera mitad del libro, hablo en primera persona del femenino, lo que ha significado un gran trabajo, de ver el mundo como mujer”, indicó.

“El libro se llama 'Cautiv@s'. Tiene una parte de las viejas cautiv@s, ya sean criollas o indias, pero en realidad, está hablando de cautivos y cautivas de otras cosas que tenemos hoy: los legados, la ideología. Para desprenderme de la carga masculina, la mitad del libro es en tercera persona y la otra mitad en primera persona del femenino, con poemas intercalados, con cierto hilo narrativo”, contó.

“Lo importante es escribir, corregir, leer, trabajar y trabajar. Publicar es otra cosa, un resultado. El problema es cuando entrás en la maquinaria y lo primero es que tenés que editar un libro por año”, dijo.

¿Qué opinas de esta nueva etapa de Coirón?

—Me gusta mucho. Yo había cerrado una etapa y pensé que Coirón había cumplido su ciclo, pero me están demostrando que la etapa puede continuar, se puede aggiornar, que se necesita. Creo que ha crecido esta cuestión binacional y es un enlace necesario.

“Es una de las pocas oportunidades de expresión y publicación que tenemos los escritores, a nivel regional. Y a nivel nacional, no son muchas las revistas que le dan lugar a la poesía. Es un esfuerzo valiosísimo y un testimonio importante. Me enorgullece y gratifica haber formado parte en su momento y ahora debe continuarlo gente que no estuvo en su momento”, dijo.

¿Qué es la poesía para Sergio Sarachu?


Silencio, prolongado silencio. “No me corresponde a mí decirlo. Yo escribo”, finalizó.

Te dejo el blog de Sergio y más sobre Coirón 2.0

1 comentario:

  1. Me gusta eso de que un poema debe resistir lecturas sin desgastes, pero disparando nuevas iluminaciones... Un arbazo.

    ResponderEliminar

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás