domingo, 2 de agosto de 2015

Ceremonia



La mía incluye mate. Algo de música clásica, las gatas rondando, el alba que empieza a colarse por la puerta balcón.

A veces el texto fluye como el agua, elude tropiezos y acepta desvíos. En otras es un hilo de palabras que se topa contra un dique infranqueable y no hay invocación que valga.

Me acosan la molicie de la llanura, las fuerzas extrañas1, ese gesto que recuerdo de improviso, las memorias que el cuerpo guarda.

No puedo escapar de las miserias urbanas y desconfío de palabras vacías y lugares comunes. Cuesta despojarse, es fácil caer en la tentación, como también cocinar con recetas habituales.

Pero escribir es un acto de fe, un salto al vacío con la certeza de que no hay una red debajo. Frustrante. Indescriptible cuando dejo ese punto final.

Aunque después eche mano a la corrección.

Y vuelva a empezar, con mate, música clásica, las gatas enroscadas que duermen en la cama.







1Título de un libro de Leopoldo Lugones.

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