lunes, 28 de septiembre de 2015

Voz propia



Ayer, intercambiando mails con Luis, hablábamos de la voz propia. Menuda tarea, la de apartarse de lo esperable y de lo obvio a la hora de escribir. Hay días en que me asalta la sensación de que es una tarea imposible. Que está todo escrito y que habría que mandar al diablo esta manía de perder el tiempo con las palabras.

Por suerte la cordura no prima y sigo escribiendo. No como algo dificultoso o que uno padece (detesto esa figura del escritor torturado por el oficio), sino casi por una necesidad vital, aunque las palabras a veces no puedan expresarlo todo, como cuenta el personaje de Siri Hustdvet.
A veces las palabras son un torpe sustituto, pensé, un hilillo de conocimientos recibidos vacío de significado real, pero cuando nos embarga la emoción, hablar puede resultar una tarea ardua. No queremos que se nos escapen las palabras porque a partir de ese momento también pertenecerían a los otros, y ése es un riesgo que no podemos correr.1
Correr riesgos. De eso se trata. Pienso en eso mientras reescribo un cuento o intento reescribirlo despojándolo de los lugares comunes, de lo previsible. En eso estamos.


1Hustvedt, Siri, “Elegía para un americano”, Barcelona, Anagrama, 2009-

1 comentario:

  1. Dice o decía Monterroso, el guatemalteco, que en literatura no hay nada escrito. Y es verdad. Los libros que están ya están. No podemos escribir como Onetti o como Faulkner. Y aunque pudiéramos, ¿para qué lo haríamos? Cada escritor reconstruye el mundo siguiendo sus propias especificaciones. El poeta, por eso mismo, es un pequeño dios. Un abrazo,
    Luis

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