viernes, 23 de octubre de 2015

Agenda telefónica


Todavía conservo los números de quienes no están. No sé por qué, pero borrarlos me parece un sacrilegio. Tanto como dejarlos. Nadie me llamará y si lo hacen, no serán las voces que extraño. O sí y sería una sorpresa.

Es tarde. Una pareja se besa a mi lado, mientras me siento en un banco en la avenida. Pienso en el flaco, que peleó hasta donde pudo. Y más todavía, con la obstinación que no todos tenemos. Hace frío y me olvidé la campera. La muerte trae soledad, percibo la mía. Hundo la mirada en el piso y la paloma se acerca con la esperanza de comer algo.

Rodeos. Escribo sin mediar, le cuento a mi amigo o al recuerdo de mi amigo que como muchos estuve atento a las noticias, esperando un milagro que no llegó. Como si alguna vez ocurriera.

Desde entonces la escritura y los días se hicieron cuesta arriba, como el silencio en una casa vacía o la tarde que amenaza con descomponerse. Se me escapa un insulto, dos, tres. Otra buena persona que se va y tanto miserable vivo.

La ciudad me es ajena, me roba los recuerdos, se queda con las palabras, me deja la tristeza. O será que no puedo quitármela de encima mientras miro la foto de su casamiento. Quizás escribirle sea una forma de recuperarlo, un manotazo de quienes quedamos de este lado para convivir con las ausencias. La pareja deja los besos y se aleja, espantados por mi expresión. No los culpo.

El tráfico brama. Repaso el último intercambio de mensajes por celular, la promesa de vernos que no cumpliremos. Descarto palabras obvias. Es difícil escribir con el dolor a cuestas. Se corre el riesgo de tropezar con la sensiblería y el flaco se merece más que eso. Habrá que dejar pasar el tiempo para hurgar en los buenos momentos, esperar que se arrime en sueños y seguir dialogando.

Miro el cielo encapotado. Definitivamente, la tarde se desmadró. “Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza” dice en su celu y es una buena manera de definirlo.

Hasta pronto flaco, ya nos cruzaremos por ahí.

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