domingo, 8 de noviembre de 2015

La búsqueda intensa y una esperanza violenta

"... No digo que yo tenga mucho, pero aún tengo la búsqueda intensa y una esperanza violenta. No tu voz baja y dulce. Y no lloro, si es necesario algún día grito, Lori. Estoy en plena lucha y mucho más cerca de lo que se llama pobre victoria humana que vos, pero es victoria. Al fin podría tenerte con mi cuerpo y alma. Esperaré aunque sean años que también vos tengas cuerpo-alma para amar. Todavía somos jóvenes, podemos perder algún tiempo sin perder la vida entera. Pero mira a todos a tu alrededor y date cuenta lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado nuestra victoria de cada día. No hemos amado, por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos. Hemos amontonado cosas y seguridades para no tenernos uno al otro. No hemos tenido ninguna alegría que no haya sido catalogada. Hemos construido catedrales, y nos hemos quedado afuera de ellas dado que tememos que las catedrales que nosotros mismos construimos sean trampas. No nos hemos entregado a nosotros mismos, pues eso sería el comienzo de una vida larga y a eso le tenemos miedo. Hemos evitado caer de rodillas frente al primero de nosotros que por amor diga: tienes miedo. Hemos organizado asociaciones y clubs alegres donde se sirve con o sin soda. Hemos procurado salvarnos pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes. No hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer su contextura de odio, de amor, de celos y de tantas otras contradicciones. Hemos mantenido en secreto nuestra muerte para hacer que nuestra vida fuese posible. Muchos de nosotros hacen arte por no saber otra cosa. Hemos disfrazado con falso amor nuestra indiferencia sabiendo que nuestra indiferencia es angustia disfrazada. Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo supremo y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa. Hablar de lo que realmente importa es considerado fuera de lugar. No hemos adorado por tener la sensata mezquindad de recordar a tiempo los falsos dioses. No hemos sido puros e ingenuos para no reírnos de nosotros mismos y para que al final del día podamos decir "por lo menos no fui tonto" y así no quedar perplejos antes de apagar la luz. Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos. Hemos llamado debilidad a nuestra candidez. Nos hemos temido uno al otro. Y todo eso consideramos la victoria nuestra de cada día. Pero yo escapé de todo eso, Lori, escapé con la ferocidad con la que se escapa de la peste, Lori, y te esperaré hasta que vos también estés más preparada.

Como siempre, lo resaltado en el fragmento es mío.


(Lispector, Clarice, “Un aprendizaje o el libro de los placeres”, Buenos Aires, Corregidor, 2013, pp.52-53)

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