sábado, 19 de diciembre de 2015

La historia argentina de Pincén a Menem



Preguntarse desde la ficción sobre nuestra historia parecen ser las premisas de las dos novelas de Horacio Beascochea, en este texto de divulgación literaria producido por Daniel Pellegrino y Jorge Warley, sobre las novelas “La tierra Plana” y “El porvenir es una ilusión”.

Novelización de la historia
Si se confrontan las dos novelas que Horacio Bautista Beascochea (nacido en Santa Rosa, 1970) ha publicado, se puede observar que late en sus elecciones temáticas una apuesta por demás ambiciosa: la de ir revisando con las herramientas de la ficción diversos y fundantes capítulos de la historia patria. Hasta ahora parece haber seleccionados los extremos de un arco que se abre allá, en los momentos de la “conquista del desierto” y la constitución de la Argentina moderna y se cierra acá, en el recorrido que va desde los años setenta hasta los de la presidencia de Carlos Menem y el Argentinazo.

En La tierra plana (2007) Beascochea tomaba desde una perspectiva diferente el tema de la conquista del desierto y del indio: Pincén era el héroe de su relato. Robledo, cabo del ejército, que oficiaba como narrador, no actuaba, como tradicionalmente se espera, con la “barbarie”, sino que, al revés, intenta percibir la pampa desde el lado aborigen. En esa novela corta el intento era el de ir dando vida a una perspectiva renovada para asomarse al tratamiento de los usos, costumbres y padecimientos de los pueblos originarios, tarea para la cual se multiplicaban las voces narrativas y se recurría ya a los artificios de la ficción, ya a las fuentes históricas. El período abarcado va desde el año 1876 -comienzo de la ejecución de la zanja de Adolfo Alsina- hasta 1879, que cubre también la transformación del oficial que aprende la lengua de los indios y al mismo tiempo se va contaminando con sus valores, hasta convertirse en traidor a la “raza blanca”, a la civilización.

Así logra entrevistarse con el prisionero Pincén -aparentemente para rescatar sus memorias con el fin de resaltar aún más las hazañas militares de la conquista del desierto-, pero finalmente “cambia de bando”, se dedica a levantar la épica de los aborígenes y su visión del mundo y ayuda a Pincén a escapar de la prisión.

El porvenir es una ilusión es la última novela de Beascochea, publicada en 2012. Como la anterior se trata de una novela corta, ordenada en 34 capítulos breves, más un epílogo, que juegan entre el ayer y el hoy, dimensiones que se tornan simbólicas antes que simple demarcación temporal.

Una primera persona narrativa, Leandro Reyes, el protagonista, confiesa al comienzo “necesito contar esta historia”. La necesidad lo empuja a un viaje en el espacio y el tiempo: el regreso a un lugar particular, Colonia El Porvenir, o más familiarmente: La Colonia, y un pasado de amistades y traiciones con el trasfondo histórico de la dictadura militar (las fechas que aparecen son evidentes: 1976, 77, 78…) y sus “modos” (la persecución, la cárcel). Viaja en un Peugeot junto a su amigo Luis Flores, recorre la casa paterna ya apenas reconocible, mientras piensa en aquellas que constituyen su presente, Claudia y las hijas, a quienes permanentemente extraña. La historia se cuenta hacia atrás.

De vez en cuando otros personajes ayudan con su perspectiva a reconstruir el pasado; también aparece por allí una tercera persona para contar otras historias y las de otros personajes llegados al pueblo. La multiplicidad de voces se asocia con el recurso utilizado en La tierra plana.

El lector es informado de que: “Colonia El Porvenir nació en el medio de la llanura pampeana, un caserío creado a pocos kilómetros de la capital con la intención de desarrollarse gracias a la explotación del caldenal.” Así se fundó en 1917 sobre la base de unas tierras entregadas a un ignoto capitán del ejército que sirvió en las tropas que “conquistaron el desierto”. Otra versión habla de un lío de polleras que obligó a don Vicente Sotomayor a alejarse del ejido urbano.

Los años pasan, y las transformaciones “de época” hacen que el almacén de ramos generales familiar se convierta en la empresa de consignación de hacienda “El Rodeo” que Leandro intenta poner en pie, para su bien y el de algunos amigos. Detrás de la anécdota chica se precipita la historia grande que arrastra la Argentina desde 1973: la presidencia de Héctor Cámpora, el accionar de la “Orga” (los Montoneros), la clandestinidad, las sombras.

El relato cede su voz al contrapunto que sostienen el compañero de Leandro, Martín Morales (otra primera persona que narra) y el oficial Flores que, sabiendo de sus andadas, decide no denunciarlo y hasta se jugará el pellejo para salvarle la vida. Después ya poco quedará por contar: el desbande y el regreso, muchos años después, como para que quede algún testimonio del pueblo que deja de existir y justificar el título amargo del relato.

Relatos del presente

¿Qué importancia ves en la poesía de Hernández en particular, y al diálogo entre poema y prosa en general?

En cuanto al diálogo entre poema y prosa, si bien son marcadamente diferentes, tienen una frontera común, como las prosas poéticas. No me disgusta utilizarlos en la narrativa, al contrario, creo que pueden enriquecer un texto y quizás estas inclusiones vuelven difusas las fronteras entre prosa y poesía.

Vivís en Neuquén ¿Qué podés comentar de lo que se escribe y publica en tierra neuquina? ¿Los escritores de la región se mueven, se agrupan, hay asociaciones literarias, emprendimientos editoriales?

En cuanto a la literatura de la Patagonia (incluyo a La Pampa en ella), Neuquén y Río Negro tienen realidades muy disímiles: en el caso de Río Negro, por lo menos Cipolletti, Roca, Regina, el Alto Valle en general, hay varias organizaciones como el Centro de Escritores de Cipolletti o el Círculo de Escritores del Comahue que llevan adelante varias actividades, desde talleres de lecturas hasta antologías de textos, financiadas por el Fondo Editorial de Río Negro. A nivel gubernamental, la subsecretaría de cultura de Cipolletti o General Roca organizan todos los años una Feria Patagónica del Libro, con invitados de renombre de nivel nacional.

En Neuquén la cuestión es más cosmopolita y compleja: Hay muchísimos poetas y menos narradores. Desde el 2013 se comenzó a realizar una Ferial del Libro en Neuquén capital y parece que tendrá continuidad. A nivel provincial, hay un Fondo Editorial pero está completamente paralizado, una verdadera ineptitud para una provincia con una renta petrolera altísima que podría otorgar recursos para la cultura.

En síntesis, en Neuquén hay una buena cantidad de talentosos poetas y escritores, pero no hay organizaciones que los aglutine. En cuanto a los emprendimientos editoriales, hay alternativas interesantes como Ediciones Doble Zeta, que ha reunido en su catálogo a un buen número de autores regionales, pero en general, son escasos. Todo se hace a pulmón o bien participando en convocatorias nacionales o regionales, si las hubiera, cuyo premio (como el caso de mi novela), es la publicación de la obra, que te garantiza difusión nacional, además de que evitás autoeditarte.


Por Daniel Pellegrino y Jorge Warley

Mi agradecimiento por este generoso artículo sobre mis obras.

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