sábado, 16 de abril de 2016

Adentro y afuera



Salí del supermercado y lo vi sentado en el cordón de la vereda. Una bolsa amarilla en la cabeza, el cartón de vino abierto a un costado y un vasito plástico, hasta el tope.

—Oiga, ¿sabe qué hora es? —preguntó desde sus andrajos, con la vista clavada en el asfalto.
—Las ocho y media —contesté con mi prisa urbana.
Se sorprendió y giró la cabeza. Su mirada estaba inyectada de un vacío demoledor en esa mañana en que el frío calaba hondo.
—Y usté… ¿está adentro o afuera? —me increpó. Su cuerpo despedía la pestilencia de la exclusión y la pregunta resonó en mi cabeza.
Miré las migajas de mi bolsita y pensé en la precariedad laboral, los atajos para acortar el mes y lo que postergamos con la ilusión de concretarlo en el corto plazo, en una ciudad de renta petrolera obscena, proporcional a la desigualdad social.
—Creo que adentro… pero con un pie en la vereda.

(Relato que integra la edición de "Series y Grietas", Colisión Libros, 2015.-

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