sábado, 16 de abril de 2016

Amé esta escena


Partimos a la luz de los faroles y luego, en la oscuridad del camino que bajaba, anduve lentamente escuchando el sonido de los cascos. El coro seguía cantando detrás de la iglesia. Irene se había puesto encima un chal, Silvia hablaba y hablaba de la gente, de los bailarines, del verano, criticaba a todos y se reía. Me preguntaron si yo también tenía una chica. Dije que había estado con Nuto, mirándolo tocar.
Al cabo de un rato Silvia se calmó y en un momento dado apoyó la cabeza en mi hombro, me sonrió y me preguntó si la dejaba quedarse así mientras conducía. Yo sostenía las riendas, mirando las orejas del caballo.


(Pavese, Cesare, “La luna y las fogatas”, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2013., p.208)

2 comentarios:

  1. Creo haberte dicho Horacio que soy pavesiano desde siempre. Y la escena elegida es casi un clásico de la narrativa del autor de "La luna y las fogata". Gracias por rescatarla. Es perfecta. Luis.

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    1. Gracias por la lectura y el comentario!. En parte sos responsable mi acercamiento a "La luna y las fogatas", un libro muy bello. Abrazo grande

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