domingo, 8 de mayo de 2016

Apuntes de Buenos Aires (Batallón 601)


—¿De dónde me dijiste que sos?
—De La Pampa, pero vivo en Neuquén.
—¿Y venís? —me mira desde el espejo y cuela el taxi en un hueco imposible.
—A la Feria del Libro, a acompañar a unos colegas, en la presentación de sus obras.
—¿Sos escritor?
Asiento.
—Conocí uno, de Punta Alta. Quedó en mandarme libros. Ahora que decís, lo voy a buscar por el Face.
—¿Cómo están las cosas acá?
—Todo mal. Son todos unos corruptos. Y no solo el gobierno que se fue, este también. Todos ladrones. No sé si tiene arreglo. Mirá éste donde frena. Si hubieras venido ayer, no podíamos andar.
—La protesta contra Uber...
—Sí. No puede ser que la plata chilena y la paraguaya valga más que la argentina. ¿A vos te parece? Ellos no producen nada. ¿Y qué escribís vos? —pregunta para seguir con su monólogo.
—Ficción, un libro de cuentos que presenté acá el año pasado y dos novelas publicadas. Una sobre Pincén un cacique pampa, en la época de la Conquista del Desierto; otra sobre los setenta, un militante que se refugia en un poblado del interior, en plena dictadura.
—¿Militante? Ahora que lo decís, te voy a contar algo: cuando yo era pibe, mi viejo tenía un amigo, del Batallón 601, un milico raso, nomás, nadie importante, pero escuchá bien, ¿eh?
Un fin de semana, nos invitó a un campo, en las afueras. No sabés qué casa y qué lugar. Era imposible que fuera de su propiedad. Y tanto le insistió el viejo, que el tipo le contó; era de los terroristas y él se había quedado con esa casa, se repartían todo. Yo no voy a decir que lo que hacían los terroristas estaba bien, pero eso tampoco se hace. Todos ladrones.
Frena de golpe. —Menos mal que veníamos cerca, si era más lejos, ya no volvía a la terminal. Ahí enfrente es la dirección. 
—Gracias.
—Que lo pases bien  —dice y se pierde entre los bocinazos.

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