domingo, 29 de mayo de 2016

Impresiones de Naicó

(Foto: Pablo García)

Un par de casas, testigos mudos de un tiempo de esperanza, de tranquilidad, atardeceres impávidos de belleza y la sensación de lejanía, de aislamiento para sitio y comenzar de nuevo, lejos de la capital, con el ferrocarril que los militares cerraron y clausuraron al pueblo incipiente.

Un cementerio alejado, con cruces de lata y panteones lujosos, recién blanqueados, como si alguien todavía estuviese allí. Hay un cajón abierto, un hedor negro a la altura de la cabeza y la necesidad instintiva de no mirar dentro para no morir un poco.

Una iglesia con su altar de madera, incólume al paso del tiempo y del olvido. Un piso de madera podrida que revela una tierra negra, y las telarañas del pasado. En la puerta con su arcada, oxidada y negra, una lápida puesta allí por algún pagano.

De banda de sonido, el ladrido de los perros y el aroma de la lluvia, los pastos altos que llegan hasta la altura de las ventanas, amarillentos y crecidos. Un poco más allá, enfrente de la iglesia, el almacén de ramos generales, Fonseca. La fachada nomás, dos grandes paredones en ele y detrás un patio con gramilla y algunas ruedas de tractor, a modo de macetas con plantas secas en el centro.

Más lejos, al lado de esa casa, otra con su galería interior. Mira al patio, de espaldas al poniente y con el sol de frente al amanecer. Una galería cerrada con su piso de mosaicos en blanco y negro, y las historias allí guardadas, esperando a ser contadas.


Estas dos casas y la iglesia enfrente, están en paralelo con las vías del tren y su estación del ferrocarril abandonada, con sus palos de telégrafos cortados, custodios mudos de las vías, en la gran llanura argentina.

Es probable que estas casas y la iglesia enfrente, dividida por la calle principal que muere contra las vías del ferrocarril y la estación, esperan que alguien cuente sus secretos.



Un policía desterrado, un perseguido político, una charla cruda, “si hacés algo te mato”, y la necesidad de ambos; uno porque no tiene dónde ir; otro porque necesita que ese lugar siga existiendo para darle cierto sentido a su vida y engañar su soledad.

El hombre se instaló en un pueblo pequeño le avisó al comisario quién era. Todavía era fugitivo, pero ya estaba cansado de huir, quizás buscaba un alivio a su huida. Extrañamente, el comisario no lo entregó, pero lo vigiló hasta el día que se fue, “viendo si andaba en algo”.



Hicieron lo posible, pero todos se fueron yendo del pueblo.

Naicó, abril del 2007

Reproduzco unos apuntes de más de una visita a Naicó, pueblo abandonado ubicado a 43 kilómetros de Santa Rosa. La excusa para esta publicación es un nuevo aniversario de su fundación, (el 28 de mayo de 1911).

Naicó y el espacio son buena parte de Colonia El Porvenir, poblado imaginario de mi novela “El porvenir es una ilusión”, publicada por Colisión Libros. 
Las fotos 3, 4 y 5 son de Juan Pablo Panozzo.


Naicó
En 1897 pasó la vía férrea que unió General Acha con Toay, pero es 1911 el año considerado como de conformación de Naicó, junto a una laguna y cerca de un cerro ubicado más al sur.
Dos días antes que el pueblo, aparece fundada la Escuela Nº 80, en el local de la sucesión de Antonio Fiorucci. La primera maestra fue Lucía Vidal de Odasso, la escuela creció y llegó a contar con huerta propia y durante algún tiempo, hasta con servicio de internado.
Sobre el significado de "Naicó", hay distintas versiones, entre ellas "águilas blancas" y "agua del águila", aunque el más aceptado surge de los estudios de Enrique Stieben y se vincula con tradiciones sobre la existencia de un ojo de agua. Según este investigador se traduce como "manantial que baja".
Otro dato anterior a la fundación, proviene de 1903, en que según obra en el Departamento Investigaciones Culturales de la Provincia, el agrimensor Saturnino Leiva fue designado para mensurar minas de cobre en Naicó, como también en Utracán, Gamay, Epu Pel y Hucal que eran o serían pequeñas poblaciones de la misma línea del ferrocarril.
Naicó se organizó como comisión de fomento en 1927 y Antonio Fiorucci fue su primer jefe comunal.
Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010, proporcionado por la Dirección de Estadística y Censos del Ministerio de la Producción, la cantidad de habitantes de Naicó es de 3 personas.



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