miércoles, 11 de mayo de 2016

La Feria del Libro



El 37 me deja en Plaza Italia. Puedo ver la marea de gente haciendo colas para sacar una entrada. Puestos de choripanes, tutucas, pochoclos. Vendedores ambulantes y de libros sobre la Avenida Santa Fe. Busco mi invitación.

—Te molesto —me dice— estoy vendiendo Hecho en Buenos Aires, no sé si las conocés. Asiento. Compro la última.

—Y también escribo —me muestra unos cuadernillos: éste tiene lo que pienso, éste es sobre Buenos Aires, éste es más literario. Elijo ése.

Ya en la Feria, los stands de las provincias. Paso por el de La Pampa. Refleja la problemática de la falta de ríos pampeanos. Una de las chicas me alcanza uno de los folletos.

—Estamos contando lo que nos pasó con los ríos. —En la pantalla plana, la bellísima versión de “Zamba del río robado”, cantada por coros . Miro los libros y sigo mi camino.

Música en el stand de Salta, también en el de Santiago del Estero. En el de Río Negro, la silueta imponente de Rodolfo Walsh. Neuquén, brilla por su ausencia.

Primera parada en el 322. Veo mis libros. Son unos más en la marea infinita de la Feria. Pero están ahí, junto al de colegas patagónicos.

Sigo caminado. Monstruosos stands de las grandes editoriales. Mucha gente en el de Cultura de la Nación, con una muestra sobre realidad aumentada.

Olga que me mira desde el techo. La soledad de una autora en una firma de libros. Me detengo en el de Página. También en el de Los Siete Logos. Corregidor, son a los que volveré con más tiempo.

Regreso al día siguiente para mirar más tranquilo, pero es imposible. Firman Quino y Gabriel Rolón, entre otros y no se puede caminar por el predio de La Rural.

En el stand de Planeta la cola para pagar da giros extraños. Quedará para otra oportunidad Yasunari Kawabata con Lo bello y lo triste. Seguramente podría conseguirlo en otro stand, pero no hay tiempo.
—¿Qué me recomendás que no sea Murakami? —había preguntado el día anterior. Y la joven me habló de Kawabata, y de la joven Banana Yoshimoto, con su Kitchen.

Me demoro en los stands pensados. Elijo a Forn y Dal Masetto. La oveja negra me mira de reojo. Una piba le pide al novio que le saque una foto. Volviste, dice la vendedora. Me faltó Paenza, contesto.

Sigo recorriendo los stands del Pabellón Amarillo. Me seduce una edición de Adán BuenosAyres, Urondo, Ronsino Números rápidos para descartar las compras. Está bien con lo que llevo.

¿Otra vez el Pabellón Verde? Me doy cuenta que estoy perdido, señal ineludible de que ya es hora de salir. Paso por los lockers, a buscar la mochila y a casa. Son las 8 de la noche y la gente sigue ingresando. Hace frío. Me cierro la campera y busco la manera de llegar hasta Retiro.

Publicado también en Plan B Noticias

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