sábado, 11 de junio de 2016

Baldosas flojas



De aquellos días queda la certeza del vértigo. El humo de cigarrillos, las miradas intensas, un pulover prestado, consignas, acierto y tropiezos. También el frío, el mismo de ahora, acaso más viejo, como las palabras.


Decir que fue un desencuentro con la historia es un lugar común.

¿Te conté del invierno que se avecina? 

Gris y lúgubre, de temores, despidos, falsas alegrías y bastonazos de la policía.

Nada peor que un escriba y sus torpes rimas.

No había vuelto al pueblo desde entonces. Creo que el viejo del balcón me reconoció. O quizás es solo mi impresión. Sé por Germán que te fuiste cuando el cerco era inminente. Que estuviste afuera, que te entristecieron los festejos del Mundial y que en algún momento volviste a enfrentar un destino ineludible o que no pretendías eludir. Absolutos que nos arrastraron.

No fue fácil para quienes nos quedamos. Debimos lidiar con la indiferencia, las risas baratas y el regreso de este discurso de pacotilla que promete felicidad mientras golpea con su desesperanza, como si no hubiéramos aprendido nada.

O sí y por estamos inaugurando tu baldosa por la memoria, porque alguien se acordó de vos en una tierra de hipócritas y cínicos.

Quizás somos baldosas flojas, obstinados que nos apiñamos y resistimos un sistema que te enrostra una libertad de esclavos. ¿Discurso de barricada? Puede ser.

Lo cierto es que aquí estamos y reconozco tu mirada en aquella piba, que deja el abrazo de su pareja y posa una flor sobre el cerámico. O en la melancolía rabiosa de un desconocido, atento a otros, afín en la costumbre de alzar la voz.

Baldosas flojas que embarran trajes y horadan mentiras.

Solo palabras para decir que estoy contigo.

(La imagen es del Espacio Memoria)




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