sábado, 25 de junio de 2016

Mañana de noche



Miraba la mañana por la ventana, pese a que era de noche. Las hornallas encendidas, el mate de leche. Unas tostadas. Mamá y su control de la glucosa, pincharse los dedos para mantener un equilibrio, en una enfermedad implacable.

Dos golpes en la puerta. La vecina de enfrente, el alba que empezaba a despuntar sus luces. Su alegría porque el marido había conseguido trabajo.

Yo miraba la mesa con las tostadas y me preguntaba si la vida era formarse, acompañarse y trabajar. Debía haber algo más. Quizás por eso era cómplice de Verne y sus viajes en globo. O de Sandokan y sus piratas. También de Tom Sawyer o Nippur de Lagash, con la ingenuidad de hallar respuestas.

Todavía me lo pregunto. Quizás por eso escribo.

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