martes, 30 de agosto de 2016

Ficciones honestas y ficciones miserables

25 DE JULIO POR LA MAÑANA

Entré a la facultad de Derecho con dieciocho años. A veces miro a esa chiquita despistada sentarse por primera vez en el aula magna entre doscientos estudiantes. La veo esperar, con su cuaderno abierto y su lapicera en mano. Me pregunto qué espera. A quién. La miro y la miro. Por momentos creo ver en sus ojos una chispa de esperanza. De algo que podríamos llamar de esa manera sin mentirnos. De algo que debe morir si se quiere seguir adelante. Y escucho, entonces, las palabras de un viejo profesor: “Las cosas fueron hechas primero. Su para qué, después”. Esa fue la introducción al Derecho Penal para mí. El profesor escribió la frase sobre el pizarrón verde. Con letra cursiva. Era viejo y había visto demasiadas cosas. Tal vez su condena fuera no haber sabido apartar nunca los ojos. Ver. Y seguir viendo cuando ya no queda amor o compasión. Ni siquiera piedad. “Lean -dijo- lean, sobre todo, literatura. No hay ninguna otra cosa en este mundo que se parezca tanto al Derecho como la ficción”. No sé qué hicieron los doscientos estudiantes. En todo caso, yo encontré tres razones para seguir su consejo. Primero porque había escrito en el pizarrón con letra firme cuando era evidente que su mano estaba llena de temblores. Después, porque en su mirada había vestigios de lucha.
Una lucha atávica y sin concesiones en la que no había oportunidad de vencer. Por último, porque supe de inmediato que ese hombre pertenecía a una época que no conoció el cinismo. “Construir una hipótesis es como escribir ficción. A los móviles vamos a forzarlos, siempre y en cada caso, para que encajen con los hechos. No se puede hacer de otra manera. O, lo que es lo mismo, nunca vamos a saber la verdad sobre lo que pasó. Llegamos demasiado tarde para que la Verdad esté ahí, esperando por nosotros. Pero hay ficciones honestas y ficciones miserables. Ustedes tienen que elegir qué camino tomar”.


Frente al cuerpo desnudo del esquimal vuelvo a escuchar a mi viejo y cansado profesor.

(Mattio, Juan, “Tres veces luz, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Aquilina, 2016, pp. 45-46)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Bienvenid@ a Ecos y matices, contame qué opinás