miércoles, 24 de agosto de 2016

Pasó

Pasó. El estómago se rinde ante las lecturas que alivian la rebelión de los dolores. El silencio habita la casa y la tregua se instala por unas horas.

Pasó y dejó el insomnio, la recorrida mental de la hipocresía que avala los palazos de Gendarmería. La conmoción por las lágrimas de un viejo empeñado en conseguir unas manzanas.
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Pasó. El privilegio de comer a diario, de todavía juguetear con las palabras. De ponerle nombre a la pobreza retratada en ese carro y sus cartones, tirado por una familia y su procesión a la desesperanza.

Pasó. Por unas horas mi cuerpo dejará de quejarse. Hay algo de entraña rota, de golpes de nocaut  y la tentación de tirar la toalla, como si no fuera posible otra cosa.

¿Pasó?

2 comentarios:

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