sábado, 29 de octubre de 2016

Vivo ahí




Mira hacia arriba y sonríe. Le faltan uno o dos dientes.
—¿Es ése No? -pregunta  buscando algo en el cielo nuboso.
Lo miro desde el auto y me señalo el pecho.
—Sí. Me dice el Barba que pareces Al Pacino, el mafioso.
—No creas, hay otros peores. –-Pienso en las mentiras de campaña, las cuentas en el exterior,  el silencio de tantos.
—También me dice si me podés dar una mano —agrega y señala el parabrisas.
—Dale.
El vidrio queda reluciente. Tiene barba de muchos días y un buzo, pese a la tarde húmeda.
—¿Sabés? El día del temporal una señora me dio quinientos pesos. Nunca había visto uno. Me crucé al supermercado y compré unos pañales para llevar a la Iglesia.
—¿Vivís con alguien más?
—No. Pero hay algunos que la tormenta les llevó  todo. Vivo ahí —agrega y señala las frazadas de enfrente—. Soy pobre. Se los digo a todos los que paran acá y no me miran, como si no estuviera.
No supe qué contestarle. Ojea el semáforo y extiende la mano. Nos apretamos en un saludo.
—Cuidate y nos vemos —se despide y sale en busca de otro auto.

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