sábado, 19 de noviembre de 2016

La ciudad de la fantasía





La carcajada del mocoso me arrancó una sonrisa. Se escondía detrás del cartel del Dos, como si fuera invisible. La mamá fingía no verlo y lo buscaba entre la gente. Hasta que lo encontraba sorprendida y se llevaba la mano a la boca. El juego se repetía. Una y otra vez.

Agobio. No era por el calor. El día había sido clemente en ese sentido. Un rápido recuento de las bolsas de residuo era suficiente para saber que no había sido una buena jornada. Éramos demasiados en la calle. Y quienes podían darnos una mano tampoco pasaban un buen momento.

Cuentan que hay una ciudad de fantasía donde todos sonríen. Y tienen buenos modales. En serio. Hasta parece que te escuchan y se interesan por lo que decís. El problema es que se mezcla con ésta, que a veces huele a cloaca. ¿Quiere un trago?

Apareció de la nada. Negué con un movimiento de cabeza. Tenía la voz ronca. Rezagos de un tetra brik le cubría el pelo crespo, a modo de sombrero. Olía a alcohol puro que -intuí- se ocultaba en esa bolsa negra. A mi lado, un adolescente lo ignoraba desde sus auriculares. Otro hombre canoso se debatía entre alejarlo o seguir escuchándolo. Le sostuve la mirada. No había nada ahí.

¿Sabe que yo tenía una vida? Y no hace mucho. O eso creo. Hasta me daba el lujo de comer. Y una chica que me quería. No le voy a decir que éramos felices, ¿pero quién lo es? Había un lugar al que llegar después de un día de changas.

A pesar de la barba, su cara me parecía conocida. ¿Uno de los tantos lavacoches? Podía ser, pero no estaba seguro. Un día se fue. No sé si porque cada vez había menos trabajo o por las juntas, como decía ella. Y no la culpo. Pero la extraño. 
 
Miró mis bolsas de residuos para vender. Ah, un colega. ¿Dura la calle, no? ¿Cuál espera? Últimamente vienen cuando quieren. Y siempre llenos. ¿Vio las caras de los que viajan? Yo estoy más contento que ellos. ¿En serio que no quiere un trago? Usted se lo pierde. Quema un poco, pero después alivia. 
 
Se acomodó el cartón plateado en la cabeza. No pasaba la treintena de años. Trastabilló y se apoyó en el cartel de la parada. Algunas personas comenzaron a alejarse. Lo tomé del brazo y nos sentamos en la garita.

Gracias ¿Cómo se llama? Todos tienen un nombre. Usted tiene cara de Carlos. O Pedro. Mientras no se llame como el de afiche. Señaló enfrente. En un cartel viejo un candidato prometía trabajo desde una sonrisa de pastor de iglesia.

¿Sabe por qué tomo? Si quiere le cuento, pero le adelanto que no le va a gustar. La misma gente que lo juzga a uno lo arrastra a esto. No me venga con eso de la esperanza, que todos podemos salir de donde estamos. A otro con ese cuento.
 
Le pregunté dónde vivía y se apiadó de mi pregunta. Ve este moretón? Se imaginará quién me lo hizo. Ellos resuelven todo a golpes. ¿O fue en la estación con ése que no me dejaba dormir? No importa tanto. Solo le advierto que no baje los brazos. Puede terminar como yo. Al principio no te das cuenta. Es natural que tengas que hacer cualquier cosa y hasta empieza a parecer normal que todos se alejen. Mire ahora, ¿los ve? Y la marginación que uno recibe se convierte en bronca y la bronca en golpes. Los moretones son comunes y uno entra en una rueda que no para y cuando pare no sé si arrancará de nuevo. ¡No me mire así! Nada peor que la pena. 
 
Negó con la cabeza y prosiguió: ¿Tiene alguien que lo espera? No deje que se vaya, hágame caso. Me encantaría quedarme, pero me voy antes de que vengan los del móvil. En serio que no quiere un trago? ¿Qué? ¿Cómo aguanta una realidad que no le gusta? ¿Qué hace? No puedo prometer que no compre otra. Se puso de pie y apretó la botella contra su cuerpo.
 
¿Le hablé de la ciudad de fantasía? Creo que sí. Tenga cuidado. También está llena de mentirosos que no agitan nada, le aseguro. Solo se llenan sus bolsillos y lo ignoran. Como si uno no existiera. Bueno, usted por lo menos me escucha. Quizás porque no está tan lejos de donde estoy yo. ¿Sabe las veces que pregunto la hora en la calle y nadie me contesta? 
 
Lo dejo. Su colectivo debe estar por venir. Yo no espero ninguno ya. Cuídese. Nos vemos por ahí.

Publicado en Plan B Noticias

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