jueves, 1 de diciembre de 2016

Escribir una novela

Para mí, escribir una novela es enfrentarse a escarpadas montañas y escalar paredes de roca para, tras una larga y encarnizada lucha, alcanzar la cima. Superarse a uno mismo o perder: no hay más opciones. Siempre que escribo una novela larga tengo grabada esa imagen en mi mente. Ni que decir tiene que, en algún momento, uno tiene que perder. Lo queramos o no, nuestro cuerpo se deteriora con el paso del tiempo. Antes o después, es derrotado y se extingue. Y, si el cuerpo se extingue, el alma (seguramente) tampoco tendrá a donde ir. Soy plenamente consciente de ello. Pero me gustaría retrasar, siquiera un poco, la llegada de ese momento (aquel en que mi vitalidad empiece a verse derrotada y superada por la toxina). A eso aspiro como escritor. Además, hoy por hoy, no tengo tiempo de «consumirme». Precisamente por ello, aunque me digan: «Eso no es propio de artistas», yo sigo corriendo.
Haruki  Murakami, "De qué hablo cuando hablo de correr", edición digital.

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