lunes, 20 de febrero de 2017

Cotidianas


Viernes: ¿Por acá adónde voy?



—¿Amigo, por acá adónde voy?

Renguea. Piel cobriza y una gorra en la cabeza. Jeans y una remera negra.

—Acá tenés un barrio y luego nada, ¿qué estás buscando? —entonces veo las estampitas.

—Un lugar grande, donde haya gente —y apunta a la pila de cartones y stickers para vender.

Le señalo a sus espaldas. Iba a decirle que en el barrio son laburantes y que difícilmente encuentre a alguien, pero me callo. No me pide nada.

—¿Qué tenés?

Me alcanza las tarjetas. Saco unos pesos de la billetera y se las devuelvo.

—No, quedate con una. Te puede servir. —Hay fe en su voz. O por lo menos quiere creerlo o algo parecido.

Podría contestarle que no soy creyente, pero callo y me quedo con una. Él retrocede sobre sus pasos y pega la vuelta. —Gracias. La señora de acá me dio una milanesa y una fruta —confiesa.

No sé qué contestarle.

—Cuidate —musito.


Domingo: llegar así


Música del Altiplano por los parlantes. Mediodía de domingo y nadie en el supermercado.

Los veo venir, todas las las arrugas encima. Él empuja la silla de ruedas con firmeza y ella mueve las manos, como siguiendo el ritmo. Dedos largos y finos, el pelo gris y una elegancia a prueba de años. Lleva un vestido floreado y liviano. Una mujer muy bella. Gira la cabeza, le susurra algo a su compañero.

Él empuja la silla de ruedas con firmeza y la mira. Sonríe. De pronto levanta la vista y nuestros ojos se cruzan. Me devuelve la sonrisa.

Llegar así a la tercera edad. Ojalá. Adivino adversidades superadas, también buenos momentos. O quizás es solo mi deseo, pueden ser hermanos y no pareja, no sé.

Los veo alejarse charlando animadamente.

Me guardo la imagen. Y la escribo. Aunque no sea justa con la sensación que me dejó.


 

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